La «segunda» potencia militar mundial

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Por BartlomiejMostek

Fuente: Onemagzine

Dice el Director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), el Comandante en la reserva Jesús Núñez, que sumadas las fuerzas militares de los estados de la UE, Europa «si quisiera» sería la segunda fuerza militar del mundo

Si sumamos las capacidades que ahora mismo tiene la Unión Europea en defensa automáticamente pasaríamos a ser la segunda potencia militar de la Tierra, y si no lo somos es porque no hay voluntad política, porque cada gobierno nacional sigue pensando en clave de que es mejor ser cabeza de ratón que cola de león

No lo dice como un mero hecho que se constata con sólo ver cualquier estadística de las fuerzas armadas de los países de UE, sino desde un reproche al papel que, en la mentalidad promilitarista del Comandante, juega una Europa que «quiere seguir siendo adolescente» y «los fines de semana pide la paga a sus padres porque no quiere vivir de manera autónoma y ser responsable de sus actos».

En nuestra opinión (puede verse nuestro informe «el ejército europeo«) el Comandante desbarra, porque confunde, como quien dice, el culo con las témporas: Primero, porque no optar por una espiral militarista no significa (si es que esa fuera la estrategia europea) ser irresponsable, no querer ser mayor, ni nada por el estilo, sino, sencillamente, tener un enfoque de la seguridad y la paz bien alejado de las preferencias de los halcones militares, gracias a cuya nefasta influencia vivimos en el avispero de inseguridad global que hoy caracteriza al mundo. Y segundo, porque no es cierto que Europa haya renunciado al monstruoso potencial militar que actualmente tiene, y si sumamos, estado a estado su número real de efectivos y de gente movilizable para una guerra, su gasto militar superior a los 200.000 millones de euros anuales, la producción (a pleno rendimiento) de sus industrias militares, los escenarios militares donde actualmente están implicados los ejércitos europeos, las estructuras conjuntas de orden militar que existen, etc, resulta no ya insostenible, sino ridículo afirmar que Europa no se rearma y, más aún, que es uno de los principales factores de desestabilización mundial por su creciente militarismo intervencionista.

Llama la atención la permanente apelación de los militaristas a una unión militar europea como solución a todos los problemas y una fe incandescente y simplista en la vía militar como alternativa genuínamente europea de hacer las cosas, una vía ya ensayada  en otros episodios históricos que no ha tenido nunca buenas noticias para los de abajo. Una mentira que, a fuerza de repetida, esperan que se convierta en dogma de fe para los crédulos y asustados europeos.

¿No ganaria el mundo mucho más si Europa pusiera su creatividad y su impulso centrado en ser número uno en desarrollo humano, en solidaridad con otros pueblos, en el empeño en ayudar a construir un nuevo orden mundial más justo y en luchar contra la violencia estructural? Seguro que la idea de paz nacida de tal empeño no sería, como la actual, una especie de terror contenido.

 

 

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