La imponente deuda militar que esconden los presupuestos de Defensa de 2016 (parte 2)

ENCADENADO

Por Santojose 2004

Deuda militar. Una estrategia perversa

Uno de los componentes importantes de la deuda pública es la deuda militar: aquella generada por las políticas militares, por la adquisición de armamento y material militar, por las necesidades industriales del sector militar y por los presupuestos militares.

El peso de esta deuda, como veremos, es abrumador en España y en el resto de los países.

Pero antes de entrar al análisis de la misma, queremos ofrecer algunos datos que nos dan cuenta de la verdadera significación política de la deuda militar.

Explicábamos en una reciente entrada de nuestro blog, analizando el libro «»El mito de la guerra buena. EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial» de Jacques R. Pauwels, de la editorial Hiru, como la deuda militar es un instrumento privilegiado de dominación de los pueblos y de desgracia de las sociedades.

Estados Unidos, paradigma en el doble sentido de generador de deuda militar propia y de impulsor de la ajena, ofrece en su historia una buena lección al respecto.

Durante la primera guerra mundial Estados Unidos aprendió la dura lección: vender armas a crédito no era un buen negocio. De hecho, ellos las habían vendido a británicos y franceses y, una vez que estos estuvieron bajo la amenaza de perder la guerra, la inversión americana se vio en peligro, lo que obligó a dicha potencia a intervenir militarmente para evitar el colapso de sus clientes-deudores.

Al principio de la 2ª G.M. y ante demandas de compra de material bélico por parte de las potencias contrarias al eje, los yankis insistieron en el pago al contado para proveer de armas a éstos. Pero cuando Gran Bretaña comenzó a sufrir la falta de efectivo, los yankis no pudieron ignorar que los británicos habían absorbido el 40 % de sus exportaciones en unos momentos en los que se intentaba salir de la gran depresión a base de promover el comercio exterior, lo que obligó a nuevas fórmulas para vender a crédito.

Roosevelt convenció al Congreso para aplicar formas de pagos más benévolas a Gran Bretaña. El sistema se llamó «préstamo-alquiler» (Lend-Lease). Se introdujo en 1941 y dotaba a Londres de un crédito ilimitado para comprar armas y municiones. Con ello el valor de las exportaciones yankis aumentó:

  1. 1939: 505 millones de dólares
  2. 1940: 1.000 millones de dólares
  3. 1941: 1.600 millones de dólares
  4. 1942: 2.500 millones de dólares
  5. 1943: 4.500 millones de dólares
  6. 1944: más de 5.200 millones de dólares

No todos los pagos británicos fueron en dinero: este préstamo-alquiler se asoció a la promesa británica, conocida como «La Confederación» en virtud de la cual Londres se comprometía a desmantelar, acabada la guerra, su sistema proteccionista de tarifas de «Preferencia Imperial», el cual limitaba la exportaciones americanas a Gran Bretaña y colonias. Este negocio permitiría a EE.UU. acabar con uno de sus mayores problemas durante la Gran Depresión: el déficit de demanda de sus productos.

El sistema de préstamo Lend-Lease consistía, en teoría, en que el Estado cebaba la economía por medio de los grandes pedidos y financiaba el esquema prestando el capital necesario. Como consecuencia, la deuda interna debería crecer, pero era de esperar que los altos beneficios generarían al Estado suficientes ingresos en concepto de impuestos, para permitir a Washington liquidar tal deuda.

Sin embargo, el esquema, realmente funcionaba de otra manera: el Estado usaba sus ingresos (basados en los impuestos que se cobraban a los contribuyentes) para pagar las pesadas facturas presentadas por las grandes corporaciones, que virtualmente monopolizaban los negocios Lend-Lease y la producción de armas. Estas facturas se pagaban por medio de los impuestos directos e indirectos, que durante la guerra eran sufragados más por los norteamericanos pobres y de clase media que por los de clase alta y las grandes corporaciones del país. Los enormes beneficios fueron para las compañías y los impuestos para el pueblo americano.

Gran Bretaña se benefició de los contratos «préstamo-alquiler» porque pudo continuar la guerra contra Hitler después de la caída de Francia. Pero, a largo plazo, Gran Bretaña pagó el precio de ver como EE.UU. se haría, años más tarde, con los negocios en gran parte del imperio británico.

Este mismo esquema que hemos explicado sigue vigente en la actualidad: EEUU; por tomar el ejemplo más paradigmático, financia la producción de armas y el imponente complejo militar-industrial, vía impuestos de los ciudadanos (que se empobrecen con ello) y mediante ayudas a dicho sector (que obtiene los beneficios principales). A su vez vende a crédito su material militar a otros Estados con la intervención incluso de la fórmula de garantía «gobierno a gobierno». Ello incrementa la inseguridad global y obliga a constantes escaladas de armamento, lo que permite nuevas ventas y genera mayor deuda a los compradores y nuevas concesiones de toda índole a los vendedores.

Resultado de todo ello: un empobrecimiento mutuo de los pueblos vendedores (cuyas clases más pobres pagan el gran esfuerzo inversión en armas a costa de pérdidas de oportunidades de mejora de sus derechos y prestaciones) y de los pueblos compradores (adquieren deuda, pierden soberanía de decisión en sus políticas, pagan impuestos para sufragar las malas políticas de sus gobernantes) y un enriquecimiento de las élites vendedoras y de las élites compradoras.

Podemos poner de esta situación diversos ejemplos, pero ninguno más ilustrativo que el de Grecia, un gran cliente de las industrias militares durante el largo período desde los años 80 del siglo XX.

En la actualidad, la cuarta parte de la deuda militar griega se debe a deuda militar, una deuda impuesta en gran parte por los países occidentales más interesados en vender armas, especialmente querida por los gobernantes griegos por las grandes prebendas y sobornos que les reportaba y alimentada de forma insensata por estos porque suponía un gran tirón para su economía.
Patológicamente, cuando Grecia entra en bancarrota, los mismos que le vendieron armas de forma desmesurada, principalmente Alemania y Francia

estos países le piden a Grecia que recorte en pensiones y en otras partidas de gasto público mientras al mismo tiempo le exigen que cumpla los compromisos adquiridos en relación a las compras de armamento y vehículos, amén de que se niegan a perdonar parte de la deuda pública cuándo la misma ha sido incrementada en su propio beneficio.

Similar problema tiene Italia, Portugal, u otros países PIGS en Europa

Europa entera ha construido un perverso y voluminoso cuadro de deuda militar que convierte a los países deudores en dependientes de las políticas de los halcones y los intereses del complejo militar industrial.

 

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