Violencia(s)

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Por habier lópez

Comentamos un libro publicado en septiembre de 2015 por la editorial Arandurâ de Paraguay y que puede descargarse en el enlace siguiente

El Libro se titula «VIolencia(s)» y rastrea las múltiples caras de la violencia, o de las violencias, en Paraguay, desde la violencia política (en la que se detienen a ver el problema del reparto de la tierra, el tema del militarismo a principios del Siglo XX, así como la violencia económica y estructural y algunos patronos de conducta casposa de la dictadura de Strossner caracterizados en la obra de Villagra Marsal), como la que llama violencia simbólica (se refiere a la transmisión de valores violentos en la escuela, la información pública mediatizada o la que llama «democracia mediática», productora de un estado de excepción permanente, o la microviolencia y la violencia en lo cotidiano) la violencia en el entramado social (con mirada especial para las cárceles y el sistema punitivo y la migración expulsada por las condiciones sociales y especialmente hacinada en Buenos Aires) y las violencias de género(s).

Se trata de un libro coral y desigual, con diversos autores, con diversos enfoques y con conocimientos desiguales.

Dice el prefacio, y nos parece un acierto, que

La violencia está presente en múltiples dimensiones de la vida. Muchas veces, las formas o características que adquiere no son percibidas o,dicho de otra manera, algunos “tipos” de violencia se han consensuado como tales, mientras otros tipos se han acallado, justificado,visibilizado o denegado.
Es acertado describir la violencia no como una única cosa, sino como una multiplicidad de violencias, que nosotros, siguiendo en esto a Galtung en una gran parte, hemos categorizado como violencias directa, estructural, cultural y (esta es nuestra pequeña aportación al enfoque de las violencias y de sus respuestas) sinérgica, entendida como el efecto multiplicador que la interrelación de estas diversas violencias tienen (y la guerra por ejemplo sería uno de sus máximos reflejos) para convertir las violencias en una espiral de violencias que se retroalimentan y justifican y en una entidad que es más que la suma de las violencias (de ahí su efecto multiplicador).
A las violencias múltiples hay que abordarlas, por tanto, desde planos múltiples: de lucha directa, estructural, cultural y, por conjunto, lucha por la paz con contenidos.
Pero volviendo al texto que comentamos, nos parece que ofrece una buena panorámica de las violencias en Paraguay y, salvando las particularidades, en cualquier otro país de la región.
Quizás hubiera sido oportuno incorporar la lucha noviolenta que, también en Paraguay se desencadena contra estas violencias y, por qué no, la lucha antimilitarista más allá de los años 20 del siglo XX, pues en cierto modo el quehacer de los antimilitaristas paraguayos y sus aciertos en la desobediente lucha contra la conscripción pone el dedo en la llaga de uno de los problemas más emblemáticos de las violencias: el militarismo y sus múltiples caras y, dado que ha cosechado éxitos innegables contra tamaño enemigo, puede permitir indagar vías de lucha noviolenta contra las violencias.
En todo caso, un libro interesante de leer.
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