Otro alcalde (Ferrol) con poca coherencia

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Fuente: elconfidencialdigital

He aquí otro caso desafortunado de filibusterismo político. Los que nos venían con la bandera de la coherencia y la lucha por la justicia para pedir un cambio de la casta por políticas valientes hacia los ciudadanos y hacia la justicia social, arrían dicha bandera a la primera de cambio para adoptar, en materia de intereses militares, las de la propia casta y los beneficarios de las políticas de dominación marcadas por ésta.

Dice el alcalde de Ferrol, al respecto del contrato del Estado por medio de Navantia para vender buques de guerra a Arabia Saudí que «tiene problemas de conciencia con estos contratos, pero la situación de la comarca es la que es» y se queda tan pancho, justificando la venta de armas a los saudíes como si la situación «que es» (es de suponer que el hambre de los ferrolanos y ferrolanas) se fuera a solventar vendiendo armas a los saudíes (cuya situación es la que es: armas para hacer la guerra sanguinaria y masacrar a otros pueblos puede que hambrientos y desesperados).  O, desde otro ángulo, como si la situación «que es» no fuera así por culpa de las armas que se venden y cuya fabricación ha depredado las posibilidades económicas de Ferrol, precarizando y condicionando cada vez más al ciclo armamentista las condiciones de vida de los «dependiente-militares» FERROLANOS.

No, alcalde, no tiene usted problemas de conciencia. Por ese lado puede estar tranquilo, al menos si la conciencia le preocupa algo en su quehacer político. De lo que tiene problemas es de  mal análisis y de pobre información. Si fuéramos maliciosos diríamos que de oportunismo, pues le suponemos un hombre formado e informado (que como todo el mundo sabe, tiene formación cero, como el resto de los ciudadanos, en materia de defensa porque los que mandan de verdad nos siguen manteniendo en la minoría de edad, para decidir por nosotros y nosotras).

Como el Alcalde de Ferrol reincide en el burdo argumento usado por el de Cádiz días antes, nos vamos a remitir en parte a la contestación que le dimos a aquel, que se puede consultar pinchando aquí y que es plenamente aplicable al caso.

¿Qué es un dilema moral?

Problemas de conciencia se tienen, quien se rige por los mandatos éticos, cuando estamos ante una situación dilemática, en la que dos obligaciones legítimas, que desde el punto de vista de la moral vamos a llamar de valor «objetivo» (de forma algo imprecisa y para explicar que no es la valoración entre cosas que «nos apetecen» sin más, sino que tienen un cierto valor moral racional y una cierta dosis de justicia), pesan por igual. En este caso, para atender a una decisión ética implica dejar de lado una de las obligaciones morales para atender a la otra. Y cumplir una impone incumplir la otra y el dilema se soluciona en forma de desgarro, pues hay que ser en cierto modo infiel a un principio moral que se tiene para poder ser fiel a otra obligación de al menos igual entidad.

No hay dilema cuando la desmesura entre los deberes que comparamos es evidente (por ejemplo, si nos planteamos lucrarnos personalmente o beneficiar a la sociedad, divertirnos a pesar de contaminar o no divertirnos pero no contaminar, etc), o cuando comparamos deberes éticos con cosas que no tienen dicha consideración.

¿Qué hay que comparar en el caso de la industria militar?

El caso de la fabricación de barcos militares y su venta a Arabia Saudí (o lo que es lo mismo, si lo quiere ver con mayor calado, con la fabricación de armas de la séptima potencia del mundo en venta de armas y su venta para que con ellas Arabia Saudí propague la guerra) no resiste la comparación en términos de dilema que plantea el Alcalde, pues entre «fabricar armas (en Ferrol) sabiendo que se usarán en una guerra inmoral pero paliarán algo el paro en Ferrol o no fabricarlas pero manteniendo la situación de paro (el alcalde se excede y asocia la falta de carga de trabajo para hacer armas de Navantia como el culpable del hambre y el desempleo en Ferrol, en un simplismo deprimente)  En Ferrol, por tanto, no se produce un verdadero dilema moral.  No estamos ante premisas éticas de igual significado ético.  Es más, ni siquiera estamos ante unas afirmaciones ciertas por igual.

Estamos, querido alcalde, ante otra cosa.  Y es que usted, alcalde, confunde las obligaciones con los compromisos y las componendas. No sabemos si por desinformación, por pereza, por prejuicios o por cualquier otra razón, pero las confunde clamorosamente.

Porque, alcalde de Ferrol, el conflicto ético no se produce, como usted alegre y superficialmente dice, entre el hambre y el paro de los ferrolanos (que aparentemente se resolverá fabricando armas) y la seguridad humana de las víctimas de vender armas a los saudíes;  sino entre vender armas a los saudíes y ser con ello agente (si lo quiere para que le suene menos fuerte, «indirecto») de la política criminal saudí, o negarse a serlo.

El paro y el hambre de los ferrolanos ni quita ni pone en el supuesto ético. Es más, el hambre de los ferrolanos no es consecuencia de no fabricar armas en Ferrol, sino de una situación estructural más compleja que ha precarizado a Ferrol, de unas politicas que no permiten la igualdad ni empoderan a la gente para desarrollar economías sostenibles y justas, de la falta de mecanismos legales de renta básica o de renta mínima o de otro tipo de reequilibrios, …, del modelo, en suma, capitalista que nadie quiere abordar en serio.

Lo usa, por tanto, usted como excusa, puede que por demagogia o por ser prisionero de los viejos tics de la diatriba obrerista desfasada de una dogmática izquierdista prediluviana, pero lo cierto es que no es parte del contenido ético en comparación y, al fin y al cabo, es una mentira interesada.

El dilema moral que provoca la fabricación de armas para ser usadas en una guerra criminal o para reprimir un pueblo es, de este modo, alguno de estos:

¿Acepto que fabriquemos armas con las que esos criminales seguramente harán la guerra o reprimirán a su propio pueblo, para así sacar tajada oportunistamente, o me niego a colaborar con eso a pesar de no sacar tajada?  Ya ve, una moral plenamente burguesa, egoísta y utilitarista diría que lo segundo.

O bien,

¿Acepto beneficiarme a mí y a mis conciudadanos de la guerra a pesar de ayudar a desencadenar un crimen contra la humanidad o me niego a ello por razones morales?

Esos son, no otros, los términos del dilema moral si plantemos las premisas en su orden de importancia.

¿Dónde queda el paro y elhambre de los ferrolanos, dignos por otra parte de respeto y de soluciones? Pues, alcalde de Ferrol, queda en otro sitio que no es el del dilema moral o, mejor dicho, en el peor de los casos, es consecuencia (y por cierto no la principal) de una decisión ética que busca romper el círculo vicioso del armamentismo y, a su vez, el círculo vicioso de la dependencia militarista de los ferrolanos y el de la miseria moral de quienes les quieren condenar a ese papel subalterno.

Y ello en el caso de que el paro y el hambre de los ferrolanos no sea, como veremos más adelante que ocurre, directamente consecuencia de una política servil de los intereses militaristas que ha convertido a los ferrolanos en dependientes del interés productivo de la industria de armas y, por tanto, consecuencia de la política de venta de armas, lo que nos llevaría a que el dilema a plantear desde el punto de vista ético sería más bien:

¿Admito desde mi responsabilidad política promover el hambre crónica de los ferrolanos favoreciendo la industria militar que les convierte en dependientes del monocultivo militar o me niego a cronificar esta situación de dependencia, negándome a colaborar con la industria militar?

De este modo, vemos que al dilema de apoyar la guerra o no, que tiene una clara solución desde nuestro punto de vista, podemos unir otro relacionado con el hambre, pero que no es el que, alcalde querido, planteas: ¿apoyo desde mi responsabilidad política la cronificación del hambre de los ferrolanos beneficiando los intereses de la industria militar y del militarismo o rompo la baraja y ejerzo mi responsabilidad política para intentar liberar a Ferrol de este monocultivo que le condena a la precariedad laborarl y a la miseria moral?

Dos dilemas, si quiere usted, distintos y que no debemos entremezclar para no hacer demagogia.

La excusa del hambre de los ferrolanos: entre el populismo falaz y la desinformación torpe

Y es que el paro y el hambre de los ferrolanos no es por culpa de no fabricar armas para Navantia, ni se va a solventar fabricándolas a mansalva.

Más bien ocurre que, precisamente como fruto del monocultivo de la industria naval y sobre todo del naval militar que padece la ciudad de Ferrol (dicho sea de paso sin que nadie ponga el dedo en la llaga porque no da votos), junto con el derrumbe de los pedidos armamentistas por la nefasta gestión de Navantia y la competencia de otros tiburones de la venta de armas, la comarca vive ahora una situación desesperada de derrumbe del negocio armamentista. Y como consecuencia de esta interesada dependencia y de los intereses coactivos de la industria militar, de ruptura por el eslabón más débil y presionante hacia las autoridades, el trabajo inestable de los trabajadores, condenando todo ello al paro a los ferrolanos (en parte como estrategia de las industrias de armas para conseguir encargos a costa del erario público) y a la  dependencia de Ferrol de lo militar para el trabajo (precarizado) de los ferrolanos y ferrolanas y para el desarrollo regional.

No es la fabricación de armas la solución a los males de los ferrolanos, sino el problema que los crea y agrava.

Luego el problema ético del paro de Ferrol tiene una relación ética con Navantia, pero lejos de ser la de alimentar al monstruo tiene más que ver más con desinventarlo y promover un modelo económico sostenible y ético para Ferrol.

Ferrol tiene un paro imponente. Imperdonable. Inmoral.  Un paro al que ha contribuido la política industrial secular basada en lo militar que ha servido para convertir a Ferrol en la ciudad dependiente que hoy es. Y un alcalde del cambio debe cambiar las cosas, porque si hace una política que no sirve, no sirve (el alcalde) para nada.

Disculpemos al alcalde: Tal vez no esté debidamente informado. Tal vez no haya hecho los deberes.

Por todo ello, que uno de los alcaldes alternativos se podría plantear conflictos éticos entre obligaciones comparables y dilemas entre por ejemplo

1) romper estas reglas de juego y aspirar por desencadenar una política económica alternativa al precio de que la derecha ultramontana lo defenestre, lo denoste, le llame loco o  2) que decida mantenerse aferrado al poder al precio de silenciar esto, con la intención de ir haciendo el cambio poco a poco, tal vez puede plantear un dilema moral, entre la moral webberiana de los principios o la de la responsabilidad (si es que esta división no es un mero truco).

O, por otro lado:  1) denunciar radicalmente las guerras y la participación de Ferrol en las mismas o 2) no hacerlo y esconder la cabeza como el avestruz.

O, por último también entre 1) ofrecer alternativas de solidaridad radical a los ferrolanos con paro y hambre al precio de endeudar a su municipio o 2) no hacerlo.  Esto, es evidente, también puede plantear conflictos.

Pero ¿entre construir armas de guerra más crear dependencia a los vecinos propios o negarse a ello? Ahí no hay dilema, sino mal análisis.

Por eso, querido alcalde, el problema al que responden sus insolidarias declaraciones no es un dilema moral. Es otra cosa. Es situar el problema en sus laterales, confundir churras con merinas…

O bien dar con una mano lo que se quita con la otra. Y para eso, ¿no están ya los del PSOE y compañía?  ¿O son todos lo mismo?

¿Pero qué más se puede hacer?

Podría el alcalde de Ferrol, ante esta diatriba objetar:  todo está muy bien, pero es que no hay alternativas a Navantia, o bien otra, qué les digo a los ciudadanos que mirarán hacia mi cetro de mando cuando les digan los del PSOE y el PP y la prensa que si hay paro es por mi culpa?

Tal vez no las conozca, que es bien distinto, pero hay alternativas:

Primero, porque cuando Europa ha querido ha tenido dinero para desmilitarización, como hemos destacado en otras ocasiones hablando de los programas Konvert y Tacis. Podría iniciarse una reclamación para aprovechar este tipo de iniciativas.

Segundo, porque los propios Presupuestos Generales del Estado cuentan con lineas de desarrollo sostenible y de apoyo a sectores industriales deprimidos, que igualmente podría lucharse para promover un desarrollo desde la desmilitarización.

Tercero, porque es factible promover la reconversión de Navantia hacia otros usos socialmente útiles y aquí también hay mucho que decir y muchas ideas que se pueden dar desde grupos pacifistas, ecologistas, de nueva economía, etc.

Cuarto, porque el Estado ya paga en términos de ayudas a interés cero a Navantia, subvenciones, sobrecostes por los nefastos proyectos de Navantia y pago de pérdidas una ingente cantidad anual que va a engrosar la cuenta de la entidad (y los beneficios de unos pocos) y sólo con parar la producción militar y usar ese chorro de dinero que se da para Navantia para el desarrollo de las regiones dependientes de esta, tendríamos más que suficiente tanto para ayudar a que los ferrolanos no tengan paro ni pasen hambre, como a impulsar proyectos económicos alternativos que cambien la faz de Ferrol.

Y quinto, porque el municipio tiene unas competencias que no son, precisamente, sacar las castañas del fuego a Navantia y las puede usar para cobrar a esta y al ejército los impuestos que no paga.  Recordamos que en marzo de 2015 denunciábamos en un artículo que:

Lo mismo sucede con Ferrol, donde Navantia, empresa militar de titularidad pública, pretendía marcharse de rositas sin pagar el IBI, unos 600.000 € anuales, hasta que el Tribunal Europeo de Justicia ha considerado que es ilegal esta exención porque supondría una subvención encubierta a las industrias navales

Tal vez más, puede desarrollar una estrategia política de reivindicación de la reconversión de Navantia desencadenando la movilización popular para ello. Y puede, como no, usar sus propios presupuestos para ejercer la solidaridad con los parados de Ferrol en tanto Navantia no desaparece. Y puede movilizar a las fuerzas sociales alternativas a buscar alternativas sostenibles frente a la dependencia militarista.

En cuanto a lo que puede decir el Alcalde a sus convecinos es que Navantia es su losa que los sepulta, no su salvación y que quien tiene interés en los negocios de Navantia son las élites, que manipulan para que sus intereses pasen por los de todos. Y puede permitirse el lujo de no hacer declaraciones promilitaristas, porque, en definitiva, el alcalde no es quien promueve ni ejecuta estos programas de armas.

Puede el alcalde de Ferrol tomar ejemplo de Ada Colau, que plantea el dilema moral en términos bien distintos cuando dice a los militares que no les quiere ver en su ciudad, la cual aspira a otra cosa.

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