El Plan B ¿también pasa por recortar el gasto militar?

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Fuente: El diario

Se han venido realizando en Madrid la semana pasada unas jornadas de presentación del llamado «plan B», una iniciativa de búsqueda de modelos alternativos desde la izquierda para la construcción europea, con participación de grandes figuras mediáticas tales como el belga Eric Touissant, el griego Yanis Varufakis, la politóloga Susan George o algunos de los españoles de IU, Equo y Podemos, más o menos significados, entre otros.

Curiosamente, en este encuentro se han planteado propuestas de diverso significado para romper con la hegemonía ultraliberal de la egoísta Europa, pero se ha hablado poco del ejército y del militarismo europeo, uno de los puntales de dicha hegemonía.

Se ha hablado de casi todo y muchos han sido los improperios de máximos contra los peores males del capitalismo a excepción, casi por completo, de lo que se refiere al militarismo, a los ejércitos, al intervencionismo militar, a la provocación de violencia estructural de nuestras políticas apoyadas por un imponente aparato de coacción militar, a la venta de armas… ¿No es curioso?

Los grandes líderes tienen otras muchas cosas que pensar. Es comprensible. Ante lo urgente, nos olvidamos de lo esencial o, como en el caso de una cierta izquierda militarista, consideramos el militarismo parte de nuestra fuerza de choque con tal de que actúe a nuestro favor.

Sin embargo, no todo ha sido olvido. Ha sido Zoé Konstantopoulou, ex presidenta del parlamento griego (¿casualidad que sea mujer quien denuncia el militarismo o tal vez esperanza de que la relevancia previsible de las mujeres sea a la vez la que consiga meter en agenda este tema obviado por los hombres?), quien ha denunciado con fuerza el militarismo europeo y quien ha abogado por la reducción de lo militar y la auditoría de su deuda ilegítima, para afirmar, poniendo el dedo en la llaga, que

la deuda de los países está relacionada con gastos inútiles en armamento y se ha demostrado que eran casos de corrupción a gran escala

A nosotros nos parece evidente la asociación perjudicial entre el militarismo (con los grupos de poder que se lucran de éste, con el complejo militar industrial y con la élite política que diseña políticas despiadadas) y la deuda que arrastran los países.

Y nos parece evidente que la deuda ilegítima de carácter militar (en España, como ejemplo, de más de 30.000 millones acumulados en armas sofisticadas y de invasión, más una deuda anual ordinaria de más de 10.000 millones de euros para sostener presupuestos de defensa desmesurados y políticas de agresión inaceptables) que fomentan las élites es una agresión a nuestra seguridad humana, y por tanto ataca lo que se supone que debe defender una sociedad.

Y nos parece evidente que, además, este militarismo desmesurado que forma parte de la agenda política europea también agrede a otros pueblos y su seguridad humana.

Y nos parece evidente, siguiendo el hilo de la explicación, que el militarismo no aparece como nuestro garante de seguridad, sino como nuestro enemigo.

Y en esta línea de evidencias, nos parece lógico que la agenda de una alternativa de lucha contra esta Europa, desde la «izquierda» debería contemplar el punto de vista antimilitarista: la reducción drástica y constante del gasto militar, la reconversión de sus industrias de guerra, la auditoría a la deuda ilegítima de carácter militar, la renuncia al intervencionismo militar, el inicio de un camino de desmilitarización y transarme hasta la supresión del modelo de seguridad basado en ejércitos y su sustitución por un modelo de seguridad colectiva basado en la cooperación y la noviolencia y que persiga la seguridad humana, la modificación de las políticas generadoras de violencia estructural, …

No comprendamos por qué los supuestos representantes de esa innovadora izquierda ni siquiera, salvo excepciones, tienen en mente esta dimensión de la Europa que quieren combatir, ni como a la primera de cambio, si tomamos por ejemplo el caso de España,  apuestan por políticas militaristas, proponen ministros generales o se suman al carro de los que quieren que se produzcan armas para vender a países canallas si con ello garantizan un poco más de trabajo en España.

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