Generar deuda militar es una técnica imperialista

Imagen de lamalatesta.net

Estamos leyendo el libro “El mito de la guerra buena.  EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial” de Jacques R. Pauwels, de la editorial Hiru.

En él, Pauwels nos ha enseñado muchas cosas sobre las relaciones de la economía con la 2ª Guerra Mundial.

Una de ellas es que los yankis habían aprendido a no dar armas a crédito en la Primera Guerra Mundial.  Lo habían hecho con británicos y franceses, y cuando ambos estuvieron bajo la amenaza de perder la guerra, los EEUU se vieron obligados a intervenir militarmente para evitar el colapso de sus clientes y deudores.

Al principio de la 2ª G.M. los yankis insistieron en el pago al contado, pero cuando Gran Bretaña comenzó a sufrir la falta de efectivo, los yankis no pudieron ignorar que los británicos habían absorbido el 40 % de sus exportaciones en unos momentos en los que se intentaba salir de la gran depresión a base de promover el comercio exterior.

Roosevelt convenció al Congreso para aplicar formas de pagos más benévolas a Gran Bretaña.  El sistema se llamó “préstamo-alquiler” (Lend-Lease).  Se introdujo en 1941 y dotaba a Londres de un crédito ilimitado para comprar armas y municiones.  Con él valor de las exportaciones yankis aumentó:

  • 1939:  505 millones de dólares
  • 1940:  1.000 millones de dólares
  • 1941:  1.600 millones de dólares
  • 1942:  2.500 millones de dólares
  • 1943:  4.500 millones de dólares
  • 1944:  más de 5.200 millones de dólares

No todos los pagos británicos fueron en dinero:  este préstamo-alquiler se asoció a la promesa británica, conocida como “La Confederación” por la que Londres se comprometía a desmantelar, acabada la guerra, su sistema proteccionista de tarifas de “Preferencia Imperial” que limitaba la exportaciones americanas a Gran Bretaña y colonias.  Con ello EE.UU. buscaba acabar con el problema principal de la Gran Depresión, el déficit de demanda de sus productos.

El sistema Lend-Lease consistía, en teoría, en que el Estado cebaba la economía por medio de los grandes pedidos y financiaba el esquema prestando el capital necesario.  Con ello, la deuda interna crecía considerablemente.  Pero era de esperar que los altos beneficios generarían al Estado suficientes ingresos por impuestos, para permitir a Washington liquidar sus deudas.

Sin embargo, el esquema, realmente se reducía a esto:  el Estado usaba sus ingresos (basados en los impuestos que se cobraban a los contribuyentes) para pagar las pesadas facturas presentadas por las grandes corporaciones, que virtualmente monopolizaban los negocios Lend-Lease y la producción de guerra.  Estas facturas se pagaban por medio de los impuestos directos e indirectos, que durante la guerra eran sufragados más por los norteamericanos pobres y de clase media que por los de clase alta y las grandes corporaciones del país.  Los enormes beneficios fueron para las compañías y los impuestos para el pueblo americano.

Gran Bretaña se benefició de los contratos “préstamo-alquiler” porque pudo continuar la guerra contra Hitler después de la caída de Francia.  Pero, a largo plazo, Gran Bretaña pagó el precio de ver como EE.UU. se hacía, años más tarde, con los negocios en gran parte del imperio británico.

Toda esta situación histórica habría de enseñarnos lecciones pertinentes hoy en día para no cometer los errores del pasado:

  • Por un lado, no deberíamos comprar armamento a países como EE.UU.  Además de por las cuestiones éticas que la lógica nos impone, también por cuestiones económicas y de deseos de independencia económica.
  • Por otro lado, no deberíamos vender armamento a países del Tercer Mundo, para no hacer con ellos ese imperialismo económico que tanto criticamos cuando lo hacen con nosotros.

Sin embargo, los sucesivos gobiernos del PP  y del PSOE no han hecho otra cosa que promover la industria militar y el comercio de armas.  Con ello han demostrado ser factores de una política inmoral y antiética, y, además, causantes de nuestro dependencia de la superpotencia y generadores de violencia estructural en el Tercer Mundo.

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