Guardias civiles para Irak, otra vuelta de tuerca a la visión militarista de la política exterior en el intervencionismo militar

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POr Jon Díez Supat

Fuente: El País

Informa Miguel González, de El País, que el gobierno sonámbulo y provisional de Mariano Rajoy tiene acordado ya, sin recato a su interinidad en el cargo, enviar guardias civiles a Irak (ya tenemos 300 militares allí), nada menos que 30, para hacer de instructores del que será su cuerpo paralelo allí, y como “contribución suplementaria a la coalición internacional” que, decimos nosotros, ocupa con abrumadora ineficacia y odiosa injerencia aquel lugar.

Como González suele estar muy bien informado por el Ministerio de Defensa de sus cuitas y es uno de los voceros más acreditados de estas, debemos dar credibilidad a la noticia, lo cual nos preocupa porque nos hipoteca en una errada política militarista que puede poner en marcha con este gobierno, con el que construyan en breve (si es que tal ocurre) o con el desgobierno interino que resulte del embrollo de pactos de mesa camilla en liza.

Pero informa además González, que Rajoy tiene medio apalabrado participar a requerimiento de Francia en otros frentes militares internacionales y que aún no ha decidido si se lo deja decidido y autorizado ya de postre al que venga detrás o les manda un caballo de Troya envenenado con el precompromiso y la diplomacia europea ladrando para que, llegue quien llegue,adopte la medida ya prometida.

Aunque inicialmente Mariano Rajoy estaba dispuesto a que tropas españolas sustituyeran a sus homólogas francesas en algún país del África subsahariana, para que estas pudieran centrarse en combatir el yihadismo en Oriente Medio y la propia metrópoli, cuando el asunto saltó a la opinión pública optó por darle carpetazo para evitar que contaminase el clima preelectoral.

En tales circunstancias convendría que en la escenificación de pactos/no pactos, los actores del momento nos vayan diciendo qué piensan hacer al respecto, si refrendar el preacuerdo rajoiniano y aceptarlo como una pesada carga heredada, si rechazarlo y explicarles a los franceses las nefastas consecuencias de tanto ardor guerrero, o mirar para otro lado y que acabemos metidos en las nuevas aventuras militares sin un sí o un no.

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