Cobalto, explotación de niños, violencia estructural y guerras

King+of+the+Congo

Por Jbdodane

Fuente: Diagonal

Informa Diagonal del escandaloso y dramático hecho de que las grandes multinacionales (Samsung, Aple o Sony entre ellas) aprovechan la situación de violencia estructural que nuestro modelo (y sus vencedores) provoca en el mundo para obtener el cobalto con el que fabrican sus ingenios a precio insignificante, si lo consideramos desde el punto de vista del coste económico, o astronómico, si tenemos en cuenta que supone la semiesclavitud de niños de siete años a los que se somete a trabajos durísimos como mineros y se les paga una miseria.

Los grandes intermediarios (se olvida Diagonal de contar que estos cuentan con ejércitos de mercenarios y otros métodos de extorsión) compran el cobalto que necesitan los móviles más sofisticados en países donde el trabajo infantil está muy extendido, y a precios irrisorios, y luego se lo venden a una filial de la gran industria minera china, que lo procesa y luego se lo vende  a las grandes empresas fabricantes de componentes para móviles.

El escándalo, valga la redundancia, escandaliza a Amnistía Internacional, uno de cuyos investigadores afirma, aludiendo a nuestra responsabilidad de consumidores inconscientes que

Millones de personas disfrutan de los beneficios de las nuevas tecnologías pero raramente se preguntan cómo se fabrican

y

El glamuroso escaparate de la tienda y todo el marketing de las tecnologías suponen un cruel contraste con los niños llevando sacos de rocas y mineros en estrechos túneles hechos a mano exponiéndose a daños pulmonares irreversible

El cobalto se usa por las principales empresas tecnológicas, las de móviles y otras, como Microsoft y Wolkswagen, sin que nadie mueva una pestaña en lo que a la ética y la responsabilidad política se refiere.

Añade la noticia que el principal drama de esta violencia estructural impuesta por nuestro modelo tecnológico y nuestra servidumbre voluntaria al consumismo irresponsable ocurre en República Democrática del Congo

La República Democrática del Congo produce al menos la mitad del cobalto en el mundo. Uno de los mayores procesadores en el país es CDM, la filial de Huayou Cobalt, que aporta a la empresa matriz más del 40% del cobalto con el que ésta trabaja. Al menos 80 mineros que trabajan en esta zona murieron entre septiembre de 2014 y diciembre de 2015.

No cuenta, sin embargo la noticia, que la República Democrática del Congo  sufre una de esas guerras silenciadas que no interesa a la prensa occidental publicitar, a pesar de su dramática y sangrienta crueldad, para evitar el peso de una opinión pública que se escandalizaría.

El País también explica esta situación y se hace eco de la publicación del informe de Amnistía Internacional y de Afrewatch «Por esto morimos: violaciones de los derechos humanos en la República Democrática del Congo para alimentar el comercio mundial de cobalto» y denuncia el fariseísmo de las grandes multinacionales

Hay grandes marcas de aparatos electrónicos como Apple, Samsung y Sony que no hacen comprobaciones básicas para asegurarse de que en sus productos no se utilice cobalto extraído con mano de obra infantil

Nosotros mismos en 2009 nos hicimos eco de los informes de Hernán Zin denunciando esta situación.

República Democrática del Congo, con más de 70 millones de habitantes, lleva más de cincuenta años en guerra.  Una guerra a la que no son ajenos los intereses de grandes compañías occidentales, que negocian sus prebendas con los señores de la guerra de los bandos en disputa.

Nosotros queremos aportar nuestro granito de arena, para decir que Europa, y en ella España, que suele actuar como epígono de Francia en las guerras en las que esta se involucra, están implicadas militarmente en el desastre de República Democrática del Congo con dos misiones, una policial (EUPOL) y otra militar desde 2006.

En 2014 se destinaron para estas 6,3 y 8,5 millones de euros del presupuesto de la Unión. No contamos con lo destinado en 2015.

Como no podía ser menos, el grueso militar de EUROSEC  lo compone el ejército francés, pero España también forma parte de este.

De modo que, a la justa denuncia de Amnistía Internacional hay que complementar con esta otra: en parte los gobiernos europeos son a la vez causantes de la violencia estructural que permite toda esta situación, lo cual ya nos habla de otro tipo de responsabilidades: las políticas.

Y ello nos lleva al apartado de propuestas, para afirmar que, para acabar con esta lacra no basta con exigir limpieza a las empresas. Hay que empezar a luchar contra nuestro militarismo, contra la producción y venta de armas, contra la militarización en los conflictos, contra el enfoque militar de la seguridad y a favor de un nuevo enfoque basado en el desarrollo humano y en la solidaridad. Y esto es apuntar y castigar, también, a nuestros propios intereses militaristas y a sus representantes.

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