La industria militar siempre gana: el caso de Irak

Hombre+y+mujer+con+chador+en+moto+con+cartel%C3%B3n+de+Jomeini+al+fondo

por Rafael Robles

Fuente: Público

La industria militar tiene una estrategia gana-gana. Siempre ganan.

Antes, cuando nos convencieron de que Irán era un enemigo encarnizado y peligrosísimo, ganaban vendiéndonos armas para defendernos de su ataque. Ahora, cuando Irán ha vuelto al redil, ganan vendiendo armas a Irán y al resto para celebrar el deshielo.

¿No nos parecería sospechoso que nos vendieran un medicamento para curararnos y, cuando estamos sanos, el mismo medicamento para no ponernos malos?

Ahora, el enemigo al que embargábamos y nos vendíamos armas (salvo ilegalmente, claro, que es la otra cara del negocio lucrativo de la venta de armas) ha liberado fondos embargados y qué mejor manera que invertirlos en comprar armas de las que antes les privábamos (lo que significa que los fondos liberados no se usan para mejorar la vida de la gente, sino para invertir en aumentar el militarismo).

¡Qué negocio tan curioso!  Cuando nos convencen de que vivimos en la «inseguridad» (una inseguridad que prefabrican), hacen negocio con el miedo como argumento; y cuando nos convencen del deshielo, hacen negocio con la promesa de futuro y la «modernidad» como excusa.  En ambos casos, la inversión en armas se hace en detrimento de otras prioridades mucho más nobles y básicas.

Pero ocurre que cuando venden armas con el manipulado argumento de la inseguridad, paradójicamente, incrementan la inseguridad con la proliferación de armas que provocan (¿será para luego convencernos de que estamos inseguros y necesitamos más armas?), y cuando nos las venden con el argumento del deshielo y el bienestar, comienza a congelarse la confraternización, a tensarse la distensión y a crecer la carrera de armamentos en detrimento del bienestar.

El truco, por tanto, es bastante viejo y sorprende que no lo detecten nuestros doctos próceres.

Aunque, a decir verdad, no se nos ocurre una explicación que no tenga que ver con el cinismo respecto al papel consentidor de este negocio tan lamentable por parte de la sociedad.

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