Más de 1000 millones de euros gastados en 2015 en injerencia militar en el exterior

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Fuente: EFE

informa el Ministerio de Defensa, como quien no quiere la cosa, que España se gastó en 2015 la terrorífica cifra de 1.034 millones de euros en misiones militares en el exterior (15 en total).

Llama la atención porque lo presupuestado para este capítulo en los presupuestos generales del estado en 2015 fue de 15,86 millones de euros, nos parece más que evidente el intento de ocultar el enfoque intervencionista y derrochador de la política militar española.

¿Y para 2016? Las cosas siguen igual. Se presupuesta 16 millones de euros, pero se gastará una cantidad desmesuradamente superior, dado que a excepción de Afganistán, donde se reduce el contingente militar, se van a mantener los restantes lugares de presencia militar española, pero con la sospecha de que se ampliará la fuerza militar en Mali (dada la exigencia francesa al respecto y que ya no tienen que disimular el descarado apoyo nuestos bienpensantes políticos) y se van a emprender nuevas misiones militares en el báltico; se van a mandar soldados a Polonia de la recientemente creada fuerza de reacción de la OTAN y se van a reforzar las misiones de Turquía y a abrir un nuevo frente de batalla en el Golfo de Guinea, donde el Ministro Morenés ya ha anunciado que van a ir a contribuir a mejorar la establidad (y no a liarla parda como sospechamos nosotros).

Todo este chorro de dinero que malgastaremos en exportar militarismo, ¿a quién beneficiará?

En primer lugar debemos contar entre los beneficiarios a los militares que participan en estas misiones, pues sus ingresos aumentan con las mismas, como hemos desvelado en otros artículos de este blog.

También debemos contar con unos “beneficiarios” inconscientes, que son los ahorradores e inversores que apuestan por fondos y productos manchados por la financiación del militarismo. Seguramente no son conscientes de que su interés en el ahorro y el beneficio se realiza a cargo del sufrimiento de otros pueblos.

Beneficia también al cúmulo de intereses inmovilistas que garantiza los 20.000 puestos de trabajo del sector militar-industrial (muy pocos puestos de trabajo en comparación con otros sectores) y que convierte en dependientes del monocultivo de la fabricación de armas a regiones donde están erradicadas las principales industrias militares, condenándolas a la dependencia o la pobreza. En este eslabón de beneficiarios se encuentran también los sindicatos del régimen, empeñados en mantener las cosas como están y en luchar por carga de trabajo para el sector militar, pues así contentan a su clientela.

Más fuertemente, beneficia a las industrias militares y al llamado “polo militar industrial español”, que aprovecha este tipo de conflictos para “vender” nuevas armas al Gobierno español (ahora están empeñados en los blindados 8×8 al  “haberse quedado antiguos los anteriores, así como en nuevos programas de aviones A400 y helicópteros, programas de drones, fragatas y nuevos aviones de combate), así como a los países susceptibles de comprar armamento español (lo ven en vivo y en directo, por lo que las operaciones militares son una excelente promoción de esta industria interesada en las guerras).

También beneficiará a la banca armada, que financia la producción de armas españolas y por tanto interesada en el estímulo de este sector industrial y en la inversión pública en armas.

Beneficia mucho más a los pocos privilegiados que deciden el orden mundial y diseñan la geopolítica y, a nuestra pequeña escala, a la élite propia empeñada en reforzar un status quo que les beneficia de forma contundente.

Beneficia a nuestra casposa casta política que se pavonea por el mundo exhibiendo el músculo pretoriano al servicio de los intereses de los más poderoso y como nuestra seña de identidad en las relaciones internacionales.

Beneficia de forma velada, soterrada, inconsciente, a la sociedad que basa su opulencia en esta serie de eslabones de dominación y es este el hilo por donde es posible desmadejar la enorme madeja de desgracias que genera el complejo militar industrial.

Somos la gente de a pié quienes podemos empezar a desobedecer a esta lógica, quienes podemos empezar a dejar de prestar apoyo a los bancos que invierten en armas, a los fondos y productos de todo tipo relacionados con las empresas militares, quienes podemos pedir cuentas y hacer valer nuestra opinión ante los partidos y sindicatos cómplices que callan y apoyan a este complejo de intereses… quienes podemos empezar a vivir de otra manera.

No queremos que el año que viene más de 1000 millones de euros se malgasten en financiar intervenciones militares en el exterior. Mejor que se dediquen a fines socialmente útiles, y si de ayudar a gente de otros pueblos se trata, que se inviertan en verdadero desarrollo justo y no en militarismo.

 

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