Por fin (¿por descuido?) el Gobierno español reconoce que hemos participado en una guerra (no declarada)

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Cristina Cifuentes

Fuente: Cuatro

Nuestros flamantes políticos se han pasado los años explicando la retórica de la «presencia» española en Afganistán ocultando que España estaba participando no en una acción humanitaria, ni altruista, ni nada de eso, sino en una guerra donde éramos enemigos de otros contrincantes.

Ahora, cuando anuncian (también mentirosamente) que España se retira de Afganistán (aunque quedarán 20 militares de asesores en Kabul, lo que quiere decir que no se han ido del todo), la hija del fallecido General Sanz de Santamaría, doña Soraya, vicepresidenta del gobierno de Mariano Rajoy, ha explicado que

No podemos olvidar que veníamos a una guerra que ha exigido un enorme esfuerzo y sacrificio de los militares españoles hasta sus últimas consecuencias

Ya lo ven, fueron a una guerra y ahora, cuando ya no puede pasarles factura política y la intoxicación con la mentira ha conseguido adormecer todas las conciencias, lo dice nada menos que la principal portavoz del gobierno.

Una guerra en la que hemos estado involucrados 14 años nada menos, en las que hemos tomado parte en acciones militares de ataque, matado contendientes, recibido muertos propios, y toda la parafernalia de desastres que supone una guerra.

Una guerra que ha costado al menos (si creemos a la vicepresidenta, cosa que tendemos a no hacer porque en gasto militar nuestros políticos se suelen quedar cortos a la hora de explicarnos su magnitud) 3.682 millones de euros del bolsillo de los españoles (a razón de 263 millones de euros por año, algo más de 700.000 euros al día), lo que supone que a cada persona de las que vivimos aquí (usando el censo oficial a enero de 2015), le ha costado esta agresión 79,16 euros de su dinero.

¿Está usted dispuesto a dar 80 euros para invadir un país lejano donde no se nos ha perdido nada?  Según el gobierno de turno es una buena inversión.

¿Y para qué ha servido esta agresión con tan alto coste económico, con pérdida de vidas, con devastación de infraestructuras, con una enorme huella ecológica y con un impacto ético indecente?  Lo expresa la señora Vicepresidenta en funciones (hasta nuevas elecciones):

ha supuesto una gran experiencia para las tropas españolas al haber podido asumir simultáneamente retos de muy diferente naturaleza, lo que ha contribuido a la «modernización» de las Fuerzas Armadas española

Ya lo ven: la preocupación por los afganos brilla por su apabullante y sonora ausencia. La preocupación por la democracia, de cuya palabra se les ha llenado la boca del ministro para abajo a todos los propagandistas de la guerra, no sale en el relato. Lo importante es que hemos entrenado a los soldaditos.

¿Acaso le han preguntado estos tipos a alguien si queríamos gastar este dineral y si queríamos rebajar el nivel de nuestra dignidad al de agresores de otro pueblo para entrenar a los soldaditos y que se modernicen?  ¿Acaso nos han preguntado alguna vez si queremos modernizar al ejército a este precio?, ¿si queremos modernizarlo incluso?, ¿si preferimos invertir 3.600 millones de euros en modernizar al ejército en tareas de agresión militar o si preferimos invertir en desarrollo solidario con los pueblos más pobres?

No. Eso no se pregunta. Tal vez la respuesta sería incómoda para los que deciden por nosotros y tal vez esa incomodidad aguaría los festejos donde los políticos usan palabras gruesas mientras ejercen su influencia militar.

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