Israel destruye metódicamente la cooperación europea en Palestina

Imagen de José M. Ruibérriz

Fuente:  Rebelión.

Excelente artículo, y muy aclarador, de Antoine Besson.

La situación del territorio palestino en Cisjordania es harto complicada:

La división de Cisjordania en tres zonas se debe a los Acuerdos de Oslo de 1993. La zona A comprende las principales ciudades palestinas y depende de la Autoridad Palestina, la zona B cubre una gran mayoría de los 450 pueblos palestinos y la soberanía se comparte entre la Autoridad Palestina para las cuestiones civiles y administrativas, y el gobierno israelí, responsable de la seguridad. La zona C, que abarca más del 60% de Cisjordania, permanece bajo exclusivo control de Israel hasta ser transferida a la Autoridad Palestina, transferencia que se debería haber hecho antes 1998, pero que a día de hoy sigue sin tener lugar.

Por consiguiente, actualmente el Estado hebreo conserva todo el poder sobre el desarrollo de la zona C, rica en recursos naturales y en tierra agrícola. En teoría, la menor instalación, desde las viviendas a las infraestructuras, debe ser aprobada por el Coordinator of Government Activities in the Territories Unit (COGAT), la institución israelí que coordina las actividades en estos territorios. Pero cuando los palestinos solicitan permisos de construcción, un 98,5% de los casos se deniega.

Por lo tanto, construir sin autorización es la única opción de tener acceso a los servicios básicos y a nuevas viviendas o de desarrollar una actividad económica que tienen los 300.000 palestinos que residen en la zona C o poseen tierras en ella. Resultado: Israel se precipita a destruir las instalaciones ilegales. Según el último informe de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), aproximadamente 13.000 estructuras están actualmente amenazadas de demolición y otros cientos de ellas se destruyen o confiscan cada año [1]: viviendas, depósitos de agua, refugios para animales, etc. En 2014 la administración israelí llegó incluso a embargar el columpio de una escuela del campo beduino de Khan Al-Ahmar por considerar que se trataba de una instalación que requería una autorización del COGAT.

Parece ser que en los periodos en los que no han sido noticias los asesinos ataques del ejército israelí sobre Gaza, ha seguido la guerra por otros medios, tan violentos como los anteriores:  impedir que los palestinos puedan tener acceso al agua, a la vivienda, a la educación, etc.

Según la Comisión Europea, de 2001 a 2011 destruyeron los proyectos de desarrollo por valor de 49 millones de euros, 29 de los cuales provenían de la Unión Europa y de sus Estados miembros. Cuando los buldóceres destruyen estructuras en la zona C financiadas por los financiadores internacionales lo que se esfuma es el dinero público de la ayuda humanitaria. Según fuentes diplomáticas, actualmente estarían amenazados más de dos millones de euros de fondos europeos.

Todo ello está forzando a que la situación sea inaguantable:

los indicadores socioeconómicos ahí son los más bajos desde 1967. Para esta agencia de la ONU se trata de una situación de «des-desarrollo», «un proceso por el que no solo se ponen trabas al progreso, sino que se invierte». Según calcula el Banco Mundial, los obstáculos al desarrollo de la zona C representan unas pérdidas de más de 3.000 millones de dólares para la economía palestina.

Ante esta situación caben tres opciones por parte de los gobiernos y de la Unión Europea:

  • Mirar para otro lado y seguir con la política actual de invertir en ayuda que será destruida sin hacer nada para evitarlo.
  • Dejar de colaborar con Palestina, lo que supondría dar la razón a Israel y aceptar la derrota diplomática contra el militarismo israelí.
  • Plantar cara a Israel.  Por supuesto, noviolentamente.  ¿Cómo?

Existen muchas posibilidades:

  1. Exigir reparaciones a Israel por cada construcción europea que destruyan.
  2. Retirar embajadores.
  3. Protestas oficiales sistemáticas ante las destrucciones israelíes.
  4. Protestas públicas en los medios de comunicación.
  5. Exigir el avance en la transferencia de la zona C Cisjordana a la Autoridad Palestina.
  6. Boicotear las industrias armamentísticas israelíes, que mantienen contratos con muchos países europeos, entre ellos España.  Es destacable que sin la exportación de armas a Europa, sería muy difícil la supervivencia de la industria militar isarelí.

 

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