¿Cuál es la función del ejército en una ciudad?

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Fuente:  El Confidencial Digital.

La polémica salta en Cataluña, en Barcelona concretamente, porque CiU, Convergencia y la CUP preparan un pleno municipal para poner en cuestión la presencia de las Fuerzas Armadas en Barcelona.

Se trata de una iniciativa previa a la fiesta de la Diada del próximo 11 de septiembre, y a las elecciones del día 27 del próximo mes. El objetivo principal de esta convocatoria extraordinario será debatir la posible adhesión de Barcelona a la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), algo que –de momento- no respalda la alcaldesa Ada Colau y su grupo, Barcelona en Comú.

Hay que recordar que ya había habido enfado de los militares en la toma de posesión de Ada Colau por el trato recibido, donde

el teniente general Inspector General del Ejército Ricardo Álvarez-Espejo fue increpado y abucheado

La noticia acaba con una frase que nos ha hecho reflexionar:

Pese a todo, según indican fuentes militares, “la institución seguirá cumpliendo su deber en Barcelona le pese a quien le pese”.

Dejamos de lado por habitual y cansino el tonillo amenazante propio de lo militar y nos centramos en analizar cuál es la función del ejército en una ciudad.

Antes, en tiempos de Franco, estaba claro:  controlar y luchar contra el enemigo interior.  Porque el enemigo realmente preocupante éramos los distintos, los que pensábamos de otra manera y defendíamos entelequias tales como la democracia.

¿Puede, ahora, el despliegue de los ejércitos por todas las grandes ciudades españolas tener el mismo objetivo, seguir controlándonos?

Así parece, sobre todo, si tenemos en cuenta a ese cuarto arma de las Fuerzas Armadas que es la Guardia Civil, que pese a su nombre es un cuerpo de carácter militar y funciones mixtas.  Si nos fijamos en la Guardia Civil, ese objetivo militar de controlar al enemigo interior puede tener mucho sentido.  Aquí no hay que contar sólo las grandes ciudades, sino las pequeñas y los pueblos grandes y medianos, todos ellos son agraciados con un cuartelillo y/o una casa cuartel.

La militarización social es tan grande y tan antigua que ni siquiera reparamos en ella.  Nunca la enjuiciamos, ni la valoramos.  Por ello, mucho menos pensamos alternativas posibles.

Ellos se arrogan el derecho y el deber de defender las instituciones.  Ellos se creen la esencia de las instituciones y, por ello, están en todos los actos posibles de gran boato.  Simplemente están, haciendo relaciones con las autoridades civiles, señalando su presencia, dejando claro que deben estar.  En las fiestas patrias ellos desfilan y gastan miles y miles de euros en actos militares que sólo una minoría, cada vez menor, disfruta.  Cuando las cosas van mal para sus intereses publicitarios se dedican a hacer juras de banderas «masivas» (sólo 610 personas).  Dan charlas en los institutos a los jóvenes ofreciéndoles una de las pocas salidas posibles sin casi estudios.  Prohíben hacer fotografías a las fachadas de sus edificios en aras de la seguridad nacional (¡!).  Reciben con bandas militares a las autoridades extranjeras.

Todo ello muy importante, muy caro y muy publicitario.

Hace poco fueron las elecciones municipales y reflexionábamos sobre esta relación militarismo ayuntamientos que tanto hemos tenido olvidada.  En el trabajo hablábamos de los abusos que comenten los militares en los municipios españoles.  Además, también compartíamos un par de materiales sobre militarismo y ayuntamientos que pensamos que tiene interés y que, además, propone alternativas concretas que se pueden aplicar en los ayuntamientos para vivir de manera desmilitarizada.

¿Va por ahí Ada Colau cuando propone que Barcelona se integre en una red de ciudades-refugio para paliar el drama que supone la emigración provocada por las guerras?  Ojalá.  A su iniciativa se han sumado ciudades como Madrid, Zaragoza, Pamplona, Valencia, Málaga, A Coruña, Las Palmas, Eibar y otras muchas más pequeñas.

Porque no tiene mucho sentido cambiar un ejército por otro.  Sus esencias seguirán siendo las mismas y sus enemigos seguiremos siendo todos.  Lo que tiene sentido es comenzar a vivir y comenzar a aplicar políticas alternativas que hagan más pacífico y noviolento este mundo de locura violenta.

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