Los ejércitos siguen siendo altamente peligrosos para sus propias sociedades

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Fuente: Público

Hemos leído en Público que el ex-ministro de Defensa José Bono ha hecho unas memorias escritas y que quien ha tenido la curiosidad de leerlas se ha encontrado con un anuncio sorprendente:  durante su época de ministro de la guerra, los altos mandos militares se pusieron levantiscos contra el poder civil y organizaron un complot que, por lo que se ve, pudieron cortocircuitar a tiempo.

No puedo imaginar que a nosotros nos esté ocurriendo una cosa así…Evita un lío militar como sea y ya tendrás tiempo de descansar, pero ahora no pares hasta desmontar este intento de complot

Esta situación que Bono califica de «pregolpista» tuvo lugar durante las negociaciones del Estatut de Cataluña:  militares liderados en aquel momento por el General Mena, Capitán General de Sevilla y Jefe de la Fuerza Terrestre, es decir, un alto mando heredero del pensamiento franquista y con mando efectivo y operativo suficiente para sacar los tanques a la calle si le hubiera dado la gana, mantuvieron reuniones para preparar una actuación en el caso de que el Estatut siguiera adelante y acabara con el mito de la unidad de destino en lo universal que profesan estos generales.

El General Mena lo tenía claro y así lo hizo saber en una reunión de Generales clandestina,  de la que ahora nos informa el libro de Bono:

Si el Estatuto de Cataluña va hacia delante, la responsabilidad será de la Corona, y si la Corona no actúa, tendrá que tomar las maletas e irse de España. En ese caso, nosotros tendremos que actuar en consecuencia

EL CNI se enteró del complot y avisó al Gobierno de lo que se preparaba

«algunos generales hablan de reuniones secretas y de estar calladitos hasta lo que tengamos que hacer«.

Al parecer Bono consiguió parar el complot.  Probablemente contribuyó a ello por una parte la división interna del ejército y en parte también el repliegue de Zetapé y el predominio de las ideas unitarias de Bono y el PP.  Bono, como afirma en su libro, nunca creyó que el mismo pudiera desencadenar un golpe de estado, pero, según dice, sí afectar negativamente a la estimación internacional de España.

Nosotros, como en tantas otras cosas, no pensamos como Bono.  Reuniones de Generales donde se baraja el uso de la fuerza militar para desencadenar un objetivo político visionario y altamente arraigado en la mentalidad militar no implican simplemente un peligro en abstracto.  Son un peligro que atajar radicalmente.

Los militares, ayer como hoy, disponen de la mentalidad providencialista y retrógrada suficiente para justificarse en el uso de la fuerza militar (de la que también disponen) y tienen la fuerza militar suficiente para sacarla de inmediato a la calle e e imponer con ello sus ideales frente al resto de la sociedad. No ha pasado una única vez, sino que es una constante en más de doscientos años de estado español.

El militarismo es altamente peligroso y el peligro no se reduce ni con contestarles con caramelos y promesas, ni con «reformarles» con promesas y caramelos, sino que requiere control riguroso, estrategia para contrarrestarles socialmente y una política de medio plazo enfocada a la desmilitarización.

Sin desmilitarización hay militarismo y con militarismo viene el golpismo, blando o duro, según lo necesiten los intereses del momento.

 

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