La justicia militar es a la justicia lo que la música militar a la música.

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Fuente: El País

Realiza hace unos días Mariano Casado un artículo de opinión en El País sobre la justicia militar, al que titula «contrareforma en la justicia castrense» y en el que, con razón, viene a denunciar la operación del PP para dar una vuelta de tuerca más en la concepción de la justicia militar tradicional y opaca que mantenemos desde tiempos inmemoriales a pesar de la supuesta vigencia de los valores democráticos.

Conviene en primer lugar situar al autor: Mariano Casado, Secretario General de la Asociación Unificada de Militares Españolesen anagrama «AUME» /cosa que El País no nos aclara al informar que Casado es « presidente de la sección de Derecho Militar y Seguridad del Colegio de Abogados de Madrid«) quien se ha destacado este tiempo en hacer un trabajo inteligente para llevar las aspiraciones corporativas de su sindicato de militares a los partidos de la oposición al PP, incluidos el emergente Podemos y el menguante UPyD, a quienes parece haber seducido con su reformismo sindical.

Parece lógico, por ello, que reclame en su artículo y como uno de sus puntos fuertes, reconocimiento para los sindicatos militares, pues es parte interesada en ello. Es ésta es una primera clave de lectura del artículo de Casado; una reforma pactada con el polo asociativo-militar del ejército.

Tiene además razón Casado cuando denuncia el anacronismo de nuestra justicia militar, cuyos vicios más medulares, dice, son

La falta de independencia de la justicia militar, su carácter especial, su configuración a extramuros de los demás ámbitos jurisdiccionales, los privilegios en su configuración

Pero se queda corto cuando plantea que el arreglo a tales vicios es una reforma que sencillamente se encamine a garantizar la independencia de los jueces militares respecto del Ministerio de Defensa o a evitar los aforamientos de los jefazos militares, porque el anacronismo no es únicamente el referido a dichos privilegios, sino el que se refiere a la propia idea de justicia militar, una justicia especial para militares.

No basta con someter el texto de la proyectada reforma a los «legítimos representantes» de los militares y en evitar que, como ocurre con todo lo militar, el gobierno plantee esta política con opacidad, con autoritarismo, con prepotencia y por la puerta de atrás.

Los legítimos ciudadanos que no representamos a ejército ninguno, incluidos los que estamos escamados de todos ellos, tenemos más de una razón para querer ser parte de este debate y para no apostar por unos límites que justifican la idea misma de una justicia militar, una justicia y un fuero especial para militares, algo que nos parece fuera de lugar.

No basta la propuesta de Casado porque lo que sobra es, precisamente, la jurisdicción militar y la codificación penal militar. No debe haberla. No existe una justicia para profesores, o para camioneros, o para amas de casa, pongamos por caso, y no debe haberla tampoco. No debe haber una justicia gremial en ningún caso. Sencillamente, no debe haberla.

Ni siquiera cuando estamos hablando de militares, de esos señores que tienen la fuerza armada en sus manos y una acreditada propensión a hacer uso de ella aquí o acullá, como muestra nuestra historia y nuestra actualidad más rabiosa, donde el militarismo español se expande a actividades tradicionalmente civiles (como apagar fuegos o intervenir en catástrofes, pongamos por caso) o hacia operaciones de injerencia militar en más de 70 escenarios desde tiempos de Felipe González hasta la fecha.

No se trata de organizar la jurisdicción militar de mejor o peor manera, con un cierto reformismo que mejore el nefasto sistema de castas actual, ni justificar tal situación en que «cómo se organice y regule esa jurisdicción es esencial para la salvaguardia de la sujeción de las Fuerzas Armadas al poder civil y para la seguridad y defensa de España»;  sino que necesitamos garantizar la salvaguardia de la sociedad , su seguridad humana y su soberanía (incluso en temas de seguridad y defensa) sin permitir excepción de ningún tipo, lo que va más allá de un mero control a distancia de lo militar y apuesta a la larga, o al menos eso pensamos muchos, por transitar hacia un cambio de modelo de defensa que acabe con el militarismo y ponga fin a sus instrumentos y estructuras.

Para defender(nos) y defender la seguridad humana no hace falta ejército alguno y, por si fuera poco, los ejércitos no hacen sino imposibilitar tal defensa.

Mientras tanto, nos basta con quitar cuanto más mejor todo tipo de privilegios, de excepciones y de espacios opacos y exclusivos a los militares. Y eso pasa por abolir, no por reformar, la justicia militar y someter a los militares sin excepción a las mismas reglas de juego de todos los ciudadanos.

 

 

 

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