¿Es beneficiosa la industria militar?

kitteh+pause

Eunoia Rasputin

Fuente: Infodefensa.

Ha señalado uno de los ministros más indeseables del gobierno de Rajoy la preferencia del gobierno por mimar la industria militar.  Lo ha hecho en su intervención ante el Congreso para pedir la convalidación de los multimillonarios créditos extrapresupuestarios otorgados pocos días antes de las elecciones locales por el Gobierno español a las industrias de la guerra.

Dice Montoro, el susodicho ministro, que la industria militar se lo merece todo porque permite al ejército tener el nivel de armas que necesita para «defendernos» (y nos preguntamos si no sería mejor tener el nivel de prestaciones sociales, de derechos básicos no laminados, de justicia e igualdad o de leyes anti abusos de la casta política y la banca para defendernos) y porque, además, la industria militar beneficia el empleo.

Esto lo dice con tanta seriedad que un alma cándida, no acostumbrada a las mentiras de este Rasputín de la mala política, puede llegar a creerse 1) que las armas esas son para defendernos y 2) que además generan empleo a mansalva.

Pero el propio ministro muerde el veneno de su mentira cuando, a continuación, nos informa del ingente número de puestos de trabajo que genera esta industria, que cifra en 20.000 personas.  A decir verdad, este sector está  muy por debajo de otros sectores menos perjudiciales, como por ejemplo la enseñanza (más de 200.000 personas), que encima vale para algo útil, los servicios sanitarios (sólo en la Comunidad de Madrid más de 80.000), o ya puestos en sectores más discutibles desde el punto de vista del desarrollo humano, la construcción que según los últimos datos del INEM ha creado en 2015  la cifra de 115.000 nuevos puestos de trabajo, el automóvil (que sólo en 2014 generó más de 25.000 nuevos empleos a sumar a los más de 100.000 anteriores), la siderurgia, etcétera).

De este modo, es mentira que el sector militar genere muchos puestos de trabajo y que sea un importante impacto en el mercado laboral. Donde tiene su fuerte este sector es en el hecho de tener muy concentrado el número de sus accionistas y muy elevados los ingresos que les enriquecen.

Vuelve el ministro a desenmascararse él sólo cuando afirma que además, lo importante del sector para el Estado es su alto valor exportador. Y aquí no es mentira lo que dice el ministro, sino rigurosa e inmoral verdad:  efectivamente, el sector vende mucho, muchísimo.  Y todo malo:  nuestros clientes principales son países en conflicto, lo que quiere decir que nuestra indeseable venta se aprovecha del mal ajeno para colocar armas con las que se matan otros.  España, por eso, privilegiando la industria militar no beneficia a la innovación ni el progreso social, sino los conflictos militares.  Un argumento obsceno que debería hacer temblar a un ministro tan religioso como Montoro.

El Ministro puso el colofón a la petición de que se ratificaran los créditos dados por el gobierno a las industrias militares de forma tan curiosa (es decir, fuera del presupuesto del estado, generando deuda y sin la mínima transparencia), dando una vez más muestra de esa mezcla de ignorancia prepotente y cinismo paleto de la que suele hacer gala, para afirmar que

«la crisis no puede convertirse en un argumento populista y demagógico para desatender un ámbito de actuación que afecta al presente y futuro de los ciudadanos»

Bien mirada, la frase tan lapidaria es aplicable a cualquier pretensión despilfarradora del Gobierno. Si alguien dice que es un gasto innecesario o a favor de unos pocos, puede decir Don Montoro, casi sin despeinarse, la crisis no puede convertirse en un argumento populista y demagógico para desatender un ámbito de actuación que afecta al presente y futuro de los ciudadanos» y quedarse tan fresco creyendo que ha dicho algo en realidad, pues el hombre es además experto no sólo en bravuconadas, sino en hablar sin decir nada, que es un mérito de políticos apolillados.

Salvo que, en este caso, el argumento contra el gasto militar ni es populista ni es demagógico, sino la expresión de un análisis de lo indeseable e inmoral de dicho tipo de gasto. Y, por otra parte, desatender el gasto militar afecta, efectivamente, al ciudadano, pero para bien, no para mal, porque lo que no se gaste en armas se puede gastar en cosas útiles para las mayorías (tal vez no para los intereses que defiende el Ministro y la élite extractiva).

Debió ser tan impresentable el argumento del Ministro que hasta otro representante de la élite extractiva, el diputado socialista López Garrido, le recordó que el PP lleva toda la legislatura intentando engañar al Parlamento ocultando el gasto militar en partidas fuera del presupuesto, como los organismos autónomos militares, los pagos a la industria militar, las ayudas que ofrece el ministerio de industria a ésta o los pagos fuera de presupuesto de las operaciones militares en el exterior.

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2 comments

  1. […] Cierto que, comparada con otras más intensivas en mano de obra contribuye poco (20.000 empleos según Montoro, frente a los más de 200.000  que genera la educación, los más de 200.000 de la sanidad, los […]

  2. […] Cierto que, comparada con otras más intensivas en mano de obra contribuye poco (20.000 empleos según Montoro, frente a los más de 200.000  que genera la educación, los más de 200.000 de la sanidad, los […]

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