Ley de Seguridad Nacional: un modo sutil de permitir estados cercanos a la excepción, pero sin garantías

P1050810+Viejas+cicatrices+de+cadenas

Por María Arias Menchen

El Gobierno, en este último estertor del Rajoinato ha aprovechado el último consejo de ministros antes de las elecciones locales para aprobar su proyecto de «Ley de Seguridad Nacional»

Como ocurre con tantas medidas del creciente militarismo, ésta también ha pasado con absoluta discreción y sin que los medios de información le dediquen ni una coma.

Tampoco parece que a los políticos, que se les llena a menudo la boca de grandes palabras y de proclamas en defensa de la libertad, les haya afectado ni mínimamente la publicación de esta norma que, como veremos, refuerza la militarización de la seguridad.

Este proyecto pretende, entre otras cosas, permitir que el Presidente de Gobierno pueda incorporar una categoría más de control sumario y autoritario de la población a los ya recogidos en la constitución y en la ley orgánica 4/1981 de 1 de julio para los supuestos de «emergencia», «excepción» o «sitio», el llamado «estado de interés para la seguridad».

Esta nueva categoría relaja más aún los requisitos y controles garantistas que la ley establece para los casos tasados de dichos estados excepcionales, permitiendo una invasión de esta especie de obsesión por el control social y la militarización a otras situaciones en las que el poder entienda que se pone en peligro el status quo pero que no son tan graves como una catástrofe, un riesgo de cuartelazo o de invasión, etc.  ¿A qué tipo de situaciones puede estarse refiriendo?  ¿Huelgas?  ¿Protestas? ¿Invasiones de fincas militares como las Turquillas o las Bárdenas Reales? ¿Ataques a los ciberactivistas?  ¿Desobediencia civil?…

Dice el anteproyecto que la ley

Regula las situaciones de interés para la seguridad nacional y rellena un vacío normativo existente entre las crisis más graves (estados de alarma, situación y sitio) y aquellas otras que han de afrontarse con medios y recursos más habituales

Pero la norma va más allá de una autorización algo burda al Presidente de Gobierno para usar el aparataje policial-militar para lo que le dé la gana y concibe la seguridad desde una óptica reforzadamente militarista, integrando en ésta y bajo el enfoque militarista  tanto lo que tiene que ver con lo policial, como las relaciones exteriores en su conjunto: señala la nota del Consejo de Ministros que el «Sistema de Seguridad Nacional» es una política de Estado (lo que quiere decir que es incuestionable y no sometida a cambios sino a consenso entre los que mandan) y que

Se establece un Sistema de Seguridad Nacional que se basa principalmente en el Consejo de Seguridad Nacional que preside el presidente del Gobierno y en el que se integran, como componentes fundamentales, la Defensa Nacional, la Seguridad Pública y la Acción Exterior, así como otros ámbitos de especial interés en el momento actual, como pueden ser la ciberseguridad, la seguridad energética o la protección de infraestructuras críticas.

Una nueva vuelta de tuerca en la concepción militarista de la seguridad, alejada de la idea de seguridad humana y de los instrumentos de la cooperación-noviolencia. Una seguridad, por tanto, que es, precisamente por sus características de dominación y violencia, uno de nuestros peores enemigos a la hora de construir un mundo más justo y respetuoso de la seguridad de las personas y de la naturaleza.

Share

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto:
Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookCheck Our Feed