En la espiral de la energía: entrevista con Luis González (2/3)

Ecologista sen Acción

 

Continuamos la entrevista mantenida con Luis González Reyes, coautor del libro En la espiral de la Violencia, ahora repasando las relaciones entre el pacifismo antimilitarista y el ecologismo.

– Nosotros hemos insistido en la vigencia de un paradigma, un marco de objetivos y medios, de “dominación y violencia”, en el que se desenvuelven las relaciones humanas; marco que justifica y legitima nuestro modelo de producción, de relaciones humanas, de relaciones con el medio ambiente, de cultura, etcétera y, como no, de defensa y el ejercicio de la violencia.  A éste le oponemos la idea de construir una alternativa noviolenta basada en el paradigma global de “cooperación – noviolencia” y que implica nuevas alternativas también en la relación con el medio ambiente, con la producción y la economía, con la cultura, con las relaciones humanas, etc. ¿Cuál sería el paradigma en vuestro análisis y el paradigma o marco alternativo?

Esto tiene mucho que ver con el último aspecto que refería en la anterior pregunta. Las sociedades que consiguen una mayor armonía interna también son las que se relacionan de forma menos predadora con el entorno y viceversa. Creemos que en el futuro no será distinto. O se produce el cambio en todas las facetas de la sociedad dominadora (género, clase, etnia, degradación ambiental) y en sus medios de imposición (violencia, cultura, economía) o no habrá cambio posible. Las formas de dominación nacieron juntas hace unos 6.000 años y tendrán que morir juntas. Así, los cambios en el plano de la democratización, del desmontaje del capitalismo y de la transición hacia una economía social y ecológica no serán sucesivos, sino que se entrelazarán: sin igualdad no habrá paz posible, la noviolencia es imprescindible para el avance del feminismo, sin una valoración de los cuidados humanos no podrá producirse una apreciación de la vida en su conjunto, un consumo austero de materia y energía sólo es sostenible en una democracia que permita a las personas responsabilizarse de su patrón de producción y consumo, etc.

En ese sentido, el cambio tendrá que producirse en todos los ámbitos (relación con la naturaleza, procesos de producción y trabajo, relaciones sociales, instituciones, tecnologías, sistema de valores, reproducción de la vida, formas de habitar y la psicología de las personas), tendrá que realimentarse de los avances en cada uno de ellos. Eso implica que los movimientos sociales debemos al menos contemplar todos, ser mucho más amplios que colectivos que se movilizan sólo por transformaciones en uno de ellos o con la mirada puesta sólo en un aspecto.

– Habláis en el libro de un escenario actual de gradual colapso y de los previsibles escenarios críticos y especialmente graves para las inmensas mayorías, pero también de la oportunidad que brindan de articular y construir estrategias emancipadoras. Háblanos de todo ello.

De forma general, el colapso de un sistema socio-económico implica un escenario más abierto en el que es posible el surgimiento de múltiples nuevos órdenes. Esto es una norma en cualquier proceso de reorganización posterior a los colapsos en las sociedades humanas, y en los sistemas complejos en general.

En lo particular del colapso en el que nos encontramos se abrirán oportunidades para sociedades potencialmente (y subrayo lo de potencialmente, no necesariamente) menos basadas en la dominación. Algunos ejemplos:

  •  Menos energía disponible significará menos dominación potencial (sobre este aspecto reflexionamos en profundidad en el texto).
  •  Pero además, la energía sería mayoritariamente de fuentes renovables, que son de un acceso más universal y menos competitivo.
  •  Sociedades menos complejas tendrán menos estratificación social.
  •  Crecerán otros formatos económicos entre las ruinas del capitalismo global, alguno potencialmente más justo.
  •  Sociedades más pequeñas se podrán gestionar mejor de forma democrática.
  •  Las viejas fórmulas, adaptadas a un mundo “vacío” como el del siglo XX, no sirven en un mundo “saturado” como el del siglo XXI. Esto abrirá la puerta a nuevas ideas, entre ellas muchas de carácter emancipador.

– Hubo un tiempo en el que ecologismo y pacifismo iban de la mano y se sobreentendía que los ecologistas y pacifistas eran más o menos la misma cosa. Ahora encontramos que, junto a un crecimiento del ecologismo y una madurez de sus planteamientos, hay un estancamiento o retroceso del pacifismo y que las agendas de los movimientos sociales no contemplan las principales reivindicaciones pacifistas. ¿A qué crees que se debe esta realidad?, ¿hay desencuentro entre pacifismo, antimilitarismo y ecologismo?, ¿entre el pacifismo y los otros movimientos sociales?

Creo que no hay un desencuentro entre el pacifismo y el ecologismo. En general, los movimientos ecologistas siguen siendo pacifistas. Creo que lo que ha ocurrido es que las campañas antimilitaristas han bajado varios enteros en las prioridades. Desde mi punto de vista, esto responde a dos factores. El primero es la urgencia y la dimensión descomunal de la crisis ambiental. El segundo es que, en nuestro contexto, las guerras parecen más lejanas en el sentido de que sentimos una menor capacidad de intervención en ellas. Cuando no ha sido así (como fue el caso de la II Guerra del Golfo) el ecologismo sí se volcó en las movilizaciones y lo hizo desde una perspectiva pacifista.

Donde sí creo que se ha producido un retroceso es en la interrelación del pacifismo con otros movimientos sociales. Esto también le sucede al feminismo y al ecologismo, aunque en menor medida. Una posible causa de esto es que los planteamientos pacifistas, feministas y ecologistas, no solo socavan las bases del capitalismo, sino también de nuestra vida más íntima y eso cuesta asumirlo mucho.

En todo caso, creo que la situación diferencial, en un gradiente descendente en la capacidad de influencia desde el ecologismo hasta el pacifismo pasando por el feminismo, también se explica por las opciones de cada uno de los movimientos. En el ecologismo se crearon organizaciones como Ecologistas en Acción, donde se integraron multitud de grupos diversos sin perder la autonomía, pero potenciando su capacidad de proyección. Además, la relación entre las organizaciones ecologistas es, en general, cordial y de búsqueda de confluencias. Ninguno de los dos procesos han sido la norma en el pacifismo y el feminismo, y creo que eso ha sido un error histórico.

Share

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto:
Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookCheck Our Feed