El jaleo de Indra

Imagen de UKBERRI.NET

La cuestión de las peleas en y por Indra está durando mucho y deja muy a las claras que en Defensa hay muchas peleas soterradas (o no tanto).  Hace tiempo ya informábamos por ello, pero ahora se dispone de datos más claros y parece que las peleas se han decantado ya por unos aparentes ganadores:  el equipo del Ministerio de Defensa.  Varios son los frentes a tener en cuenta:

  • Por un lado se ha abortado la intención del fondo británico Hanson de entrar en el accionariado con el antiguo líder de Alianza Popular, Antonio Hernández Mancha, como presidente.  Éste y Eduardo Serra hicieron lobby para lograrlo con reuniones con Rajoy y con Montoro.  Sin embargo, el Ministerio de Defensa se negó a vender parte o todas las acciones que tienen la SEPI de Indra y que le hace ser el socio de referencia de Indra con el 20 % de las acciones.

Parece ser que la labor de girapuertas de Serra no para y que habrá logrado un buen pellizco por sus gestiones aunque no hayan fructificado.

El ex Ministro de Defensa parece que ha olvidado las muchas veces que ha clamado por la españolidad de las primeras empresas militares y ahora se ha «vendido» al capital británico.

  • La situación actual es que Indra ha sustituido a su antiguo jefe, Javier Monzón, por Fernando Abril-Martorell.  Así, Defensa se quita de en medio, por fin, a Monzón que abogaba por no tener muco interés en que Indra liderase el ‘polo militar-industrial’ español que Defensa quiere construir a toda costa y que ahora ha de hacerlo con prisas porque llega una nueva cita electoral en otoño.  A ello hay que unir los malos resultados del segundo semestre de 2014.

Para que Monzón no se vaya con mal sabor de boca se le ha nombrado presidente de honor de la compañía y se le ha concedido un finiquito de 16 millones de €, incluyendo las primas de un sistema de ahorro a largo plazo de 12’1 millones y una indemnización por no concurrencia, valorado en unos 4 millones, por lo que recibirá una compensación de 0’75 veces la retribución total percibida durante los dos años durante los cuales el contrato le obliga a no irse con la competencia.

  • El tercer componente de esta historia es Telefónica, que entra en el accionariado de Indra con el 3’16 % del capital que había ido comprando (según el análisis de Antonio Lorenzo en El Economista) discretamente en el mercado, poco a poco, para no verse obligada a comunicar esas operaciones.  Parece que la intención de Telefónica es duplicar este porcentaje en los próximos 4 meses.  De esta manera, Telefónica fue la que impuso al nuevo director de Indra, Fernando Abril-Martorell.

Hay que tener en cuenta, también, que Defensa en verano de 2014 consiguió, que a pesar de que Industria a través de SEPI había comprado el 20 % de las acciones de Indra, tener el control político de estas acciones a su antojo.

Jesús Cacho en Vozpopuli hace un artículo que recomendamos leer con una cronología crítica de la acaecido en Indra.  Entre otras cosas argumenta algunos tintes políticos de la operación:

Una operación en la que es difícil, si no imposible, encontrar un hombre justo, alguien a quien salvar de la quema, porque todo huele a manipulado y podrido. Todo se ha precipitado por la inminencia de las elecciones generales, una circunstancia que pudo hacer pensar al propio Monzón en la posibilidad de salvar finalmente su cabeza después de soportar el asedio al que fue sometido desde la llegada al poder del PP. Porque ocurre que Monzón no es de los nuestros, es de los suyos

y

los planes del trío (Morenés, Arguelles, Serra) apuntaban a tomar el control, aligerar plantilla y trocear la empresa para vender las piezas al mejor postor, si es que antes no se vendía entera a un gran grupo tecnológico yanqui, dadas las “excelentes relaciones” que tanto Serra como Argüelles, por no hablar de Hernández Mancha, mantienen con el sector Defensa USA y la propia CIA norteamericana.

Todos estos detalles, y otros más sórdidos, eran filtrados con regularidad por las huestes de Monzón

Nos cuenta que Montoro se negó a vender sus acciones a la británica con el siguiente argumento:

lo que no puedo hacer es permitir que SEPI se apunte 70 millones de pérdidas a cuenta de la caída de la acción [de Indra], porque podría terminar en los tribunales

En resumen, cada uno de los prebostes de la economía militar española intentado sacar tajada para sí mismo, dándonos a los demás argumentos patrióticos sobre la necesidad de la españolidad de la industria militar.

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