¿Abandona Defensa a sus militares que han sufrido graves accidentes en actos de servicio?

Imagen de Fernando Cuenca

Fuente:  El Mundo.

El caso es desgarrador, a Alejandro Clemente,

Y todo a raíz de que le obligaran a saltar desde un avión militar durante unos entrenamientos, con viento veloz y mientras la nave realizaba un giro. Era San Valentín. De los ocho que aquella tarde de febrero se lanzaron al vacío -siete de ellos sufrirían lesiones de distinta gravedad-, Alejandro fue el peor parado. Su cuerpo terminó estrellándose contra unas rocas, a unos 600 metros de la zona señalizada para tomar tierra. La cabeza se le abrió como una nuez. Su cerebro se apagó.

Al soldado le habían ordenado que se tirase desde una altura de 2.400 metros y con un viento en ese momento de «22 nudos» de velocidad (más de 40 kilómetros por hora).

«Era tan fuerte que algunos de sus compañeros explicaron que el avión iba de un lado a otro como una peonza», cuenta Antonio. «Podrían haber suspendido el ejercicio, como hicieron con el anterior, y dejarlo para el día siguiente… Pero el sargento que estaba al mando no lo consideró y…». Fue una pareja de la Guardia Civil, tres horas después del accidente, la que encontró el cuerpo destrozado del paracaidista entre unas rocas.

Todos pensaríamos que el Ministerio de Defensa se mostró solidario y magnánimo con el accidentado.  Sin embargo, hubo que recurrir a juicio y

«Mala suerte», atribuyeron los peritos castrenses al accidente durante el juicio, compuesto íntegramente por militares. El mando que ese día estaba a cargo del salto, un sargento encargado de hacer todos los cálculos para indicar el «punto de suelta» desde el aire, quedó absuelto de todo culpa, y el Ministerio de Defensa, responsable civil subsidiario, sin condena.

Otro hecho clarísimo que nos relata la falta de humanidad de los dirigentes del Ministerio de Defensa y de los mandos militares.  Quizá también nos hable de la inoperancia e injusticia de la justicia militar.

Otro tribunal, superior, parece que ha puesto en entredicho la pasada sentencia:

Ahora, pasados ya casi ocho años de aquel salto maldito, visto el recurso de la familia contra aquella sentencia, el Tribunal Supremo acaba de ordenar que se repita el juicio. Duda que haya existido «mala suerte» en la maniobra aérea que dejó a Alejandro Clemente Cantó como un vegetal de por vida. Y, para colmo, sin indemnización (al no haber condena, no hay compensación económica). La que ahora pide su abogado sube de los cuatro millones de euros: 1,8 por las lesiones y tres millones más para gastos futuros hasta los 70 años que le dan de vida.

Entre tanto, la familia paga con sus vidas lo que Defensa se niega a asumir:

Ocho años tetrapléjico y en estado vegetativo irreversible desde aquel 14 de febrero. Ocho años tirando de los ahorros y de una pensión de invalidez que, según Antonio, «no alcanza para dar las atenciones que mi hijo necesita». Enumera: «Alejandro necesita tres personas las 24 horas, para limpiarlo, para moverlo, para cambiarle la cama… Mi mujer y yo nos vamos haciendo mayores y las fuerzas van a menos. Entonces, ¿cómo vamos a pagar todo esto? Y a un fisioterapeuta, que viene a casa tres veces por semana. Y, por si fuera poco, tenemos que buscarnos la vida para que un médico le atienda. Porque Adeslas, que es el seguro contratado por el Ejército, ya nos dijo en octubre que si Alejandro se pone malo no nos manda un médico a casa. Dice que tenemos que llevarlo a un hospital que trabaje con esa aseguradora… Dios mío, pero si a mi hijo apenas le quedan defensas y tampoco disponemos de los medios de los técnicos adecuados para desplazarlo. ¿Qué hacemos, dejamos que se nos muera en las manos? Él, aunque no tenga en un momento algo grave, necesita cuidados sanitarios. Estoy pagando a una enfermera para que venga a verlo a casa».

Más que el Ministerio de Defensa parecen el Ministerio de Vergüenza.

¿Es esta la tan cacareada acción humanitaria del Ministerio de Defensa, mas bien parece un caso de malos tratos?

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