Envejece el Ejército de Tierra: un nuevo callejón sin salida de nuestras FAS

Imagen Marcelo Sanhueza

Fuente:  El Confidencial Digital.

Desde el año 2001 el MADOC (Mando de Adiestramiento y Doctrina) realiza una serie de investigaciones sobre el proceso de reclutamiento y de permanencia en el Ejército de Tierra para saber si van a poder cumplir, en el aspecto de personal, con los objetivos que les encomienden.

Las conclusiones del estudio son bien curiosas:

i. La elevada tasa de permanencia (0,9518), unida a la decisión de convocar únicamente las plazas de nuevo ingreso necesarias para reponer y mantener la fuerza en torno a los 53000, sigue constituyendo, al concluir el año 2013, el principal obstáculo para el correcto funcionamiento del sistema profesionalización de nuestro Ejército.
ii. Con el modelo de profesionalización establecido por la Ley 08/2006 previsto para una fuerza de 60000 con un 20 % de tropa permanente, se asumía un considerable envejecimiento de la tropa respecto a las situaciones anteriores.
iii. La alta retención unida a la escasa reposición y a la reducción de la fuerza ha adelantado en el tiempo este envejecimiento que se ha amortiguado en cierta medida al reducir la tropa permanente al 13%.
iv. De mantenerse la permanencia en el 95% la reposición anual deberá ser pequeña y por lo tanto se reducirán los menores de 26 años, aumentarán los comprendidos entre esta edad y los 39 años. Por encima de esta edad en cualquier caso quedara aproximadamente el porcentaje que se establezca como permanentes.

v. La consecuencia más grave de la alta retención es que habrá que cesar anualmente a muchos soldados por cumplir los 45 años de edad sin adquirir la condición de permanentes, con las implicaciones económicas, sociales y políticas que esta medida tiene.
vi. No contribuye al rejuvenecimiento el hecho de que el reclutamiento llevado a cabo durante 2013 en condiciones de muy alta demanda (42000) para pocas plazas (1500) haya propiciado que los seleccionados tengan una edad superior a los de los procesos anteriores, pese a que la edad de ingreso es una de las pocas variables controlables por la organización.
vii. El aumento de la tropa con edades entre los 26 y 39 años no debe comprometer el cumplimiento de las misiones encomendadas, si se conserva la condición física con buenos sistemas de entrenamiento y las debidas medidas de seguridad e higiene en el trabajo.
viii. En compensación, la organización debe estar preparada para aprovechar la experiencia de estos soldados que se encuentran en la llamada “edad de oro de las personas”

Y la conclusión general es de lo más contundente:

Es necesario tomar medidas que propicien la salida de aquellos que aún no hayan firmado contratos de larga duración y también de aquellos que ya lo hayan hecho y reducir progresivamente la permanencia, con la finalidad de poder ofertar mayor número de plazas para nuevo ingreso, renovando y rejuveneciendo la clase de tropa y reduciendo los ceses forzosos al cumplir las condiciones establecidas por la ley.

Es decir, quieren un E.T. formado por soldados jóvenes y para ello están dispuestos a despedir a todos aquellos que lo impidan, tengan el tipo de contrato que tengan.

La publicación analiza los datos del año 2013 y, por primera vez, se fija especialmente en el envejecimiento de la tropa.

Los datos que ofrece el estudio son muy claros:

  • Si bien en 2001 salían 9.688 soldados del E.T. y entraban nuevos 5.834, en 2009 (tras un año, más o menos, del inicio de la crisis económica) salieron 3.686 soldados y entraron 9,600 (aunque un año más tarde comenzó a notarse lo duro de la crisis en la reposición y sólo entraron 1.429 soldados.
  • En el año 2013 los datos fueron:  2.629 soldados que salieron del E.T. (sólo un 27’1 % con respecto a los de 2001) y entraron 1.152 (sólo un 19’74 % con respecto a 2001).

La crisis ha logrado que los soldados no abandonen las Fuerzas Armadas y la misma crisis ha impedido que se repongan las FAS con nuevos soldados jóvenes.

En palabras del MADOC:

la mayoría de nuestra tropa pretende alargar al máximo su tiempo de permanencia, confiando en que la institución proporcione una profesión otrabajo de por vida.

Por ello, una de las soluciones propuestas es recurrir a las “cesantías forzosas” de aquellos militares que tengan firmado un compromiso de larga duración, así como favorecer la entrada en la tropa de aspirantes menores de 24 años.

“El problema esencial radica en que la voluntad de ampliación de compromiso escapa al control del mando, que se ha de enfrentar, por un lado, a una protección jurídica garantista hacia el derecho del soldado profesional a ampliar su contrato.

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