El negocio del hambre, el hambre como arma de guerra

 

Imagen de Daniel Lobo

Fuente:  Periódico Diagonal.

Canta el tango Cambalache de Enrique Santos Discépolo:  «que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé …

El Parlamento Europeo aprobaba la  segunda directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros (MiFid II),

con la que se limitarán distintas prácticas realizadas por los operadores financieros que han contribuido decisivamente al encarecimiento de las materias primas alimentarias, como el maíz, el trigo, la soja, el arroz, el café o el azúcar.

Las crisis generadas por las burbujas de las materias primas en 2008 y 2011 llevaron a distintos países europeos a plantear la necesidad de “impulsar las medidas necesarias para evitar los movimientos de carácter exclusivamente especulativo” en el mercado de las materias primas alimentarias. Con esa frase se presentó una proposición no de ley aprobada por el Parlamento español en 2012 –ya con el PP en el Go­bierno–, a la que siguió una moción aprobada por el Parlament de Catalunya que pedía directamente la prohibición de la especulación con alimentos de primera necesidad. La alarma está justificada: según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD)los precios de los alimentos crecieron entre 2011 y mediados de 2013 casi un 80% respecto al periodo 2003-2008. Un 75% de la inversión financiera en el sector agrícola es de carácter especulativo, en pala­bras de Mi­chael Masters, del hedge fund Mas­ters Capital Mana­ge­ment, y el Banco Mundial estima que sólo un 0,5% de los contratos de futuro se acaban ejecutando. Com­binada con otros factores, como la crisis energética –sujeta a especulación en el mismo mercado que los alimentos, el de derivados de materias primas o commodities–, la destrucción de suelo fértil por sobreexplotación, el cambio climático –y los fenómenos asociados a éste, como las gotas frías y la desertificación– o la expansión de monocultivos, la especulación ha dado lugar a lo que se ha llamado una guerra silenciosa, por la que se estima que 1.300 millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos.

Es decir, que todos estamos abrumados por la certeza de que una parte, al menos, del encarecimiento de los alimentos responde a las ansias especuladoras de los ricos.  Y, lampedusianamente, parece que lo que se busca en los círculos del poder es sólo regular, no prohibir o hacer mediante tasas inviable la especulación, sino regular:

A nivel europeo, las negociaciones de la directiva MiFID II se han encaminado a limitar distintas herramientas que juegan a favor de la especulación, como las transacciones finan­cieras automáticas, y aplan­tear mayores exigencias de transparencia en la compraventa de acciones, bonos y fondos que influyen sobre el precio de los alimentos. También se ha promovido la creación de nuevas categorías de mercado, destinadas, en teoría, a reducir el peso de las operaciones extrabursátiles, que juegan un papel protagonista en la especulación con materias primas alimentarias.

Lo cual nos parece poco, pero

Javier Guzmán, de Veterinarios Sin Fronteras, explica que la directiva MiFID II ha sido muy peleada por las organizaciones movilizadas contra la especulación alimentaria, pero queel peso de los lobbies financieros ha sido importante en la redacción final. “Esta directiva reconoce algunos de nuestros planteamientos, sobre todo lo que tiene que ver con la transparencia de los mercados y cierta limitación de las posiciones, pero aunque el propio Parlamento Euro­peo quería hacer una regulación estricta, algunos estados, con Reino Unido a la cabeza, lograron que cada país tuviera en su transposición una enorme capacidad regulatoria para fijar los límites”

Pero, además, hay más motivos de alarma:

Kucharz advierte asimismo de que los avances establecidos por medio de la directiva corren el riesgo de una nueva desregulación si sale adelante el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos, la Aso­cia­ción Transat­lántica para el Co­mercio y la Inversión, el llamado TTIP. Con este acuerdo, cuya quinta ronda de negociación transcurre desde el 19 de mayo, se “pretende eludir los Parlamentos y frustrar la regulación financiera; es un ataque a cualquier entidad reguladora”, resume Kucharz.

En España la situación también es mala:

El 6 de mayo, una proposición no de ley presentada por el grupo parlamentario de la Izquierda Plural que reclamaba la prohibición de la especulación sobre los alimentos básicos era rechazada en la Comisión de Coo­peración Internacional del Congreso con los votos en contra del PP y la abstención de CiU y PNV.

Aunque las lucha de las organizaciones sociales hace avanzar con pequeños pasos importantes:

De momento, la presión ejercida desde la campaña Banca Bajo Con­trol, impulsada por Veterinarios Sin Fronteras (VSF) y por otras 40 organizaciones, consiguió que Catalunya Caixa retirara su depósito 100% Natural, que se dedicaba a especular con materias primas alimentarias como el maíz, el café y el azúcar. Tras una acción lanzada tanto por VSF como por COAG y Mundubat en abril de 2011, y suscrita por más de 2.000 personas, la caja de ahorros se comprometió no sólo a retirar el producto financiero, sino también a no volver a comercializar depósitos de ese tipo en el futuro.

Y es que la especualación y el hambre además de ser un negocio para una minoría es, también, un arma de guerra y otra forma de violencia y de declarar la guerra por medios económicos, tan letal o más que las bombas.  Los bancos y otras entidades financieras están, por lo tanto, armadas con estas prácticas de libre mercado y totalmente faltas de ética que provocan una gran violencia estructural que habría de ser considerada como uno de los enemigos de nuestra sociedad, y habrían de tener un apartado en los planes de una alternativa noviolenta de defensa.

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