Felipe, eres increíble

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Felipe, eres increíble.

Porque no hay quien te crea:

  • Nunca habéis sido los reyes ni los príncipes «de todos los españoles» (¿?), como dice la retórica al uso, porque siempre habéis sido parciales.  Habéis apostado claramente por los militares, por los violentos, por los de arriba.  Ningún objetor de conciencia ni antimilitarista o pacifista o noviolento puede sentirse representado ni feliz por vosotros. Siempre nos habéis ninguneado y despreciado. Somos ajenos y obviados.
  • Y dirás que es porque tú también tienes tu ideología y eso es muy legítimo.  Cierto.  Nosotros respetamos tu derecho a pensar de otra manera.  Pero lo que no nos gusta, y es lo que criticamos, son tus apuestas principescas (dentro de poco regias):  la violencia, el militarismo, el intervencionismo, la venta de armas en lugar de la cooperación para conseguir los objetivos del milenio o la apuesta por la desmilitarización de la sociedad.
  • ¿Cómo quieres ser creíble si no has dicho nada de la corrupción en el ejército tantas veces denunciada en estas páginas, si nunca te hemos escuchado nada ante el despilfarro militar galopante (también en tu propia Casa Real en la que existe una Guardia Real que sólo tiene la función de aparentar y contribuye a ser uno más de los gastos superfluos de esta monarquía)?
  • En el colmo de la sinrazón aspiras a encarnar al Estado pero sin pasar por las urnas, sin democracia, ser el monarca del pueblo, cetro en puño y corona al lado, pero sin refrendo.  Y decimos que es el colmo porque por debajo hay un montón de hechos de falta de democracia sobre los que asentar tu magistratura, hechos que también construyen la montaña de tu incredibilidad:  las decisiones en materia de Defensa las tomáis una élite o casta que sí podéis elegir.  No nos dejáis a los demás elegir entre monarquía o república, o para dedicir qué hay que defender y cómo hay que defenderlo, cuánto hay que gastar en armas y cuánto en solidaridad y en derechos para los de abajo.
  • No eres creíble porque no has movido ni una pestaña para lograr una democracia más participativa durante todos estos años, porque has apostado por el status quo y no por la transformación necesaria, porque te codeas con la casta y no con la gente, …
  • No eres creíble porque siempre te sitúas con la élite (por tu sueldo, por el tipo de «trabajo» que haces, por las reuniones a las que acudes, por el ritmo de vida que llevas, por los privilegios que disfrutas, por los colegios a los que fuiste, por los banquetes que disfrutas todas las noches, y por un larguísimo etcétera que tal vez ni siquiera podríamos listar por completo).
  • No eres creíble porque prefieres los gastos militares a los gastos sociales.
  • No eres creíble porque vas a disfrutar de inviolabilidad, porque vas a ser inimputable.  Y eso es injusto porque todos somos iguales.
  • No eres creíble porque eres un freno para la plenitud de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad.
  • No porque la monarquía no garantiza la división de poderes, la participación más allá de legitimar a los de arriba, la democracia como algo diferente a la poliarquía.

Nosotros y nosotras, objetores de conciencia al servicio militar, objetores fiscales, pacifistas, antimilitaristas y noviolentos, no te creemos y, como tantos otros,  no nos representas.

En parte no nos representas porque te quieres encarnar rey de los demás.  Pero la mayor parte de nuestro razonamiento no tiene tanto que ver con tus deseos personales de ser monarca, sino con lo que realmente eres, con cómo eres en realidad.  No nos genera confianza una persona que opta primero por sí mismo y luego por los demás.  No nos generarás confianza si, como tu padre antes, te dedicas a promocionar la industria militar y la venta de armas española por todo el planeta.

Posiblemente una república podría tener muchos de los fallos que te achacamos, y tal vez extenderíamos una diatriba similar a una república similar, pero tendríamos la posibilidad de cambiarla.  A ti y a tu monarquía no, según nos decís, pues lo que no está escrito no existe, que dice algún fiscal excesivo y poco versado en derecho.

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