¿Está podrido el ejército?

Imagen de Jko Sánchez

Fuente:  Huffington Post.

Lo dice un militar, un teniente.  Y la prensa se hace eco de sus denuncias aunque las presente de manera novelesca.

Nosotros, los civiles, llevamos haciendo las mismas y más denuncias pero sin novelar, mediante la cruda realidad, y ni la prensa, ni la sociedad, ni los políticos nos hacen ni caso.  Para muestra algunos botones:

Aún así, el teniente Luis Gonzalo tiene razón.  Y se la damos.  Según él el ejército está plagado de malas prácticas, es un sistema de castas en el que los oficiales se benefician de derechos que no les corresponden, hay abusos, corrupción, desvío de dineros públicos, acosos sexuales y laborales.  Por no hablar de las puertas giratorias, de las decenas de intervenciones violentas fuera de nuestras fronteras, de la falta de democracia interna y de la falta de democracia en todo el tema de la defensa, de la ingente deuda militar, …

Además, nos solidarizamos con él por las represalias que dice que está sufriendo por sus denuncias.

Por último le quisiéramos hacer notar, mi teniente, que todas estas malas prácticas en el ejército no son puntuales sino intrínsecas a esta institución anclada en los valores de la obediencia ciega, la violencia, el machismo y la represión.  El ejército es una institución que genera violencia directa contra los civiles y contra los propios militares.  Pero, también y además, genera violencia estructural porque detrae recursos que se necesitan urgentemente para las necesidades sociales tan apremiantes en esta época de crisis que vivimos.  Y, también y además, genera violencia cultural por los valores que transmite como la insolidaridad de seguir pidiendo más presupuesto de los casi 7.000 millones de € que tiene asignados en Ministerio de Defensa cuando realmente tienen un gasto militar de 27000 millones de € en 2014 y cuando han recibido créditos a interés cero para construir armamento ultrasofisticado.

En conclusión, mi teniente, al ejército no le vale con unas reformas más o menos profundas sino que es imprescindible eliminarlo, para dar paso en paralelo a otra forma de entender la seguridad diferente y realmente alternativa, que defienda  lo que la ciudadanía realmente quiere defender:  la Seguridad Humana.

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