Nueva prueba de falta de democracia y transparencia en Defensa

Fuente:  AUMEEl Faro Digital.es

La Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) ha elevado una queja a la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, por:

la denegación del Ministerio de Defensa de celebrar un pleno extraordinario del Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas, pedido por las asociaciones integradas en ese órgano.  El pasado 11 de febrero las asociaciones militares Asfaspro, Aume, Amtm y Atme pidieron la comparecencia del ministro de Defensa, Pedro Morenés, ante el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas, en un pleno extraordinario, para que informase sobre la política de personal que recoge el proceso de transformación de las Fuerzas Armadas.  Estas asociaciones muestran «gran preocupación» ante el anuncio efectuado por el jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), almirante general Fernando García Sánchez, sobre el próximo proceso de transformación de las Fuerzas Armadas, que en su opinión «puede llevar a una gran conflictividad en materia de personal».

Esta noticia nos da la imagen de democracia, participación y transparencia que quieren transmitir y transmiten las Fuerzas Armadas y sus dirigentes del Ministerio de Defensa:  nula.  Parece ser que la democracia aún no ha entrado en la sede que habita Morenés.

De tal manera, la cartera que dirige Pedro Morenés se ve en una situación que nunca antes había visto: ser inspeccionada por la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril.

Parece que el Ministerio de Defensa sí da información a EL PAÍS, en concreto a Miguel González, que nos informaba de algunas de las características de esta reestructuración de las Fuerzas Armadas, que ya el 30 de enero nos contaba:

El ejército planea reordenar sus fuerzas en Euskadi, Aragón y Cataluña.  Debe plasmarse en los próximos meses en la creación de las llamadas Brigadas Orgánicas Polivalentes (BOP).

A diferencia de las actuales brigadas específicas (mecanizada, ligera o paracaidista), las nuevas BOP combinarán la potencia de combate de las fuerzas pesadas con la capacidad de proyección de las ligeras, para lo que dispondrán de ambos tipos de unidades aunque, como hay que partir de lo que ya existe, algunas serán predominantemente de cadenas y otras, de ruedas, según fuentes militares.

Tampoco sobra dinero para traslados masivos, por lo que se trata de minimizarlos en la realidad y maximizarlos sobre el papel, reasignando regimientos y batallones sin moverlos de sus acuartelamientos. Y, además, reduciendo a ocho las 10 brigadas que forman la fuerza terrestre.

Además, en la noticia se informaba de algún aspecto que parece que es lo que preocupa a los militares:

El Ejército de Tierra no ha revelado cuáles serán las dos brigadas disueltas, pero fuentes militares aseguran que se trata de la Brigada de Infantería Ligera San Marcial, desplegada en el País Vasco, y la Brigada de Caballería Castillejos, con base en Zaragoza. Ello no significa en absoluto que desaparezcan las unidades de combate que dependen de ellas. Es decir, el Ejército mantendrá sus guarniciones en Araca (Vitoria), Loyola (San Sebastián) o Mungia (Bizkaia); a lo sumo, se suprimirá el cuartel general de la brigada. Los batallones vascos pasarán a depender de otras brigadas; previsiblemente de la acorazada y las dos mecanizadas, que se completarán así con unidades ligeras.

Por su parte, los regimientos de caballería de la brigada Castillejos pasarán a reforzar brigadas ligeras como la Paracaidista. El Ejército baraja la idea de crear una nueva brigada Aragón, que reuniría las tropas de montaña desplegadas en Jaca (Huesca), Aizoain (Navarra), Sant Climent Sescebes (Girona) y El Bruch (Barcelona), a las que se sumaría una unidad de caballería de Zaragoza. El País Vasco, Aragón y Cataluña serán así las comunidades autónomas más afectadas por la reorganización del Ejército, aunque fuentes militares niegan cualquier motivación política. No habrá retirada del País Vasco, ni reforzamiento en Cataluña, alegan.

 

Parece ser que la información sí que se da a algún periodista amigo, pero no se quiere compartir con los propios militares, aunque lo más ajustado sería decir que no se quiere debatir con ellos y menos se quieren tener en cuenta sus necesidades y sugerencias.

Parece que Morenés piensa que ha cumplido suficientemente con la formación del Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas y que no está dispuesto a que tenga ningún papel efectivo en la política de Defensa.  Bueno, no les debería extrañar mucho, si tienen en cuenta el nulo papel que juega, por ejemplo, la Comisión de Defensa del Congreso en dicha política.

 

 

 

 

 

 

 

 

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