La inmigración: el principal movimiento de desobediencia al sistema en la actualidad

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Fuente: El País

Muy rica la reflexión del periodista y escritos Gabriele de Grande sobre la inmigración, entendida como el mayor movimiento de desobediencia al sistema global en la actualidad.

Se nos ocurre que la vana intención de los gobiernos del mundo por «regular» y «controlar» la inmigración se encuentran siempre desbordadas por las constantes oleadas de disidencia que implica la inmigración que, con su práctica al margen, desertora, desobediente, rompe las barreras impuestas.

Esto ya se dijo de forma más sistemática en el libro «derecho de fuga» de Sandro Mezzadra, editado por Traficantes de Sueños, del cual circulan copias libres en internet, y de muy recomendable lectura.

De Grande hizo la experiencia de caminar por los mismos caminos de las rutas migratorias de Africa a Europa y nos dice de su experiencia

 Creía que encontraría mucho dolor y sangre, y lo encontré. Pero lo más fuerte que hallé no fue desánimo sino esperanza o, más bien, el espíritu de rebelión y el poder de los sueños, que a veces se convierten en más reales que la propia realidad y te llevan a hacer cualquier cosa con tal de alcanzarlos. Fue una gran lección para mi, me ayudó mucho a cambiar mi perspectiva. Dejé Italia esperando encontrarme víctimas de una injusticia y acabé conociendo a mis héroes, a gente que estaba desobedeciendo una ley injusta para cambiar su destino.

Respecto a la frontera «sur» española y la política española de inmigración tiene también un recuerdo que debería sonrojar a nuestra élite extractiva y sus ministros del opus

Recuerdo la desilusión de los deportados desde las islas Canarias que conocí en Saint Louise, en Senegal. Recuerdo el enfado de los que detuvieron ilegalmente en Nouadhibou, Mauritania, en una especie de prisión fundada por el gobierno español. Recuerdo las historias de violencia y de torturas que me contaron en Oujda, en la frontera entre Marruecos y Argelia. Recuerdo la imagen de esa valla de seis metros en Melilla y Ceuta, la perfecta metáfora de la paranoia de la Unión Europea.

Este gran movimiento es un movimiento en cierto modo político, dice el autor

 Hoy, miro el fenómeno de la inmigración a través del Mediterráneo como el mayor movimiento de desobediencia civil a las leyes europeas.

Tiene razón: una gran desobediencia civil, y no sólo a las malas políticas de Europa, sino también a las de los países de «origen migratorio» y al orden global de injusticia, que necesita también ser mirado desde esa óptica por quienes militamos desde aquí por una alternativa global al orden mundial que hace de la inmigración un drama.

Nosotros también debemos politizar nuestra desobediencia en acompañamiento de este movimiento de migrantes aún no contaminado y en reivindicación de un orden de inclusión que destruya las barreras y las causas de dominación y violencia en que se sustentan.

 

 

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