Documento del ejército español para tratar la inmigración: espacio anticipado de seguridad y defensa

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Fuente: ABC

El Ministerio de Defensa ha elaborado y preparado un documento para «responder» al reto de la inmigración, una de las preocupaciones que, como hemos indicado en otras ocasiones, se aborda en España con un enfoque cada vez más militarista, aunque a algunos de nuestros lectores les ha parecido que nuestro planteamiento era simplista.

Pues veamos el simplismo de cerca: el documento, fechado en noviembre de 2013 y al parecer ya aprobado, se llama «Espacio anticipado de seguridad y defensa», lo cual ya nos dice por donde van a ir los tiros (en este caso la metáfora nos parece especialmente ilustrativa).  Por no hablar del cinismo.  Parece que ahora intervenir en otros países de manera militar se llama «espacio anticipado de defensa y seguridad»

Aclaremos que, para guardar las costumbres de transparencia imperantes en todo lo militar, no hemos podido acceder al documento en concreto dado que no se ha publicado en internet en la página del Ministerio de Defensa, como debería;  sino por referencias del periódico abc y de un foro de policías bastante exótico.

Dice el texto que el Sahel es considerado, desde la óptica de estos señores, un espacio a tratar militarmente

«bajo la premisa de considerar al Sahel como un espacio anticipado para la seguridad y defensa del Magreb y, por extensión, de la misma UE y entendiendo que ha de ser ésta la que asuma el liderazgo e iniciativa con respecto a aquella zona»

Es decir, se legitima el enfoque militar del tema migratorio porque el Sahel aparece como una zona de inseguridad para nuestros intereses (al decir nuestros, queremos aclarar, no nos referimos a un nosotros inclusivo, sino al nosotros de los que nos mandan y sus intereses propios) y porque sólo con un abordaje apropiado podemos hacer que nuestra presencia allí, nos de seguridad y defensa aquí.

El documento contiene doce directrices a seguir para lograr el honorable objetivo que se propone. Dado que no tenemos acceso directo al documento, sino referencias tanto por un foro policial como por parte del periódico ABC, no nos queda más remedio que extractar lo que aquí encontramos:

1.- La legitimación de una intervención militar en el «terreno»

La directriz novena, que incorpora el uso de la fuerza militar en determinadas circunstancias:

cuando el deterioro de la seguridad lo demande, la participación directa con fuerzas propias buscará obtener efectos resolutivos aunque su permanencia sobre el terreno deberá limitarse por cuanto la misma, entre otras consecuencias no deseadas, supone el posible efecto llamada de movimientos radicales de corte yihadista y separatista para combatir la presencia occidental.

Puede parecer una perla de la literatura militar, no en vano querríamos conocer al autor de tan elocuente frase para agradecerle la idea o, incluso, por si le proponemos para el nobel de la paz (menos méritos que Obama no habrá hecho), o de literatura (recuérdese que dicho premio se lo dieron también a Echegaray o a Benavente), pero no nos quedemos en los pequeños detalles.

2) ¿A qué países nos referimos?

Habría tres categorías principales de lugares en los que intervenir y de ejércitos a los que ayudar a adiestrar, pero a juzgar por lo leído, no son excluyentes (de hecho, tratándose de África, no aparece el Índico y los países donde ya opera nuestro ejército militarmente):

  1.  Los «estados corazón», nada menos que Mauritania, Niger, Mali, Burkina Faso y Chad
  2. «otros escenarios», en concreto los del «golfo de guinea» (Liberia, Costa de Marfil, Ghana, Togo, Lagos, Camerún, Guinea Ecuatorial, Gabón) y la costa noroccidental de África (Marruecos, Sahara, Senegal, Gambia, Guinea Bissau, Sierra Leona)
  3. Las «aguas territoriales» por donde discurren las principales rutas comerciales hacia Europa y los caladeros de pesca que expoliamos (en fin, esto es una licencia porque el documento no habla de que expoliemos nada).

Casi nada: la defensa de España y sus intereses se ejerce, en lo que a las migraciones se refiere, ejerciendo poder militar en toda una amplia franja de África, donde curiosamente coinciden intereses económicos evidentes, así como en el mar y en la expoliación de los recursos de estos sitios.

Veamos un mapa del invento

Defensa diseña un plan de cooperación militar para frenar la inmigración ilegal

3) El enfoque de la inmigración como peligro.

Pero el documento insiste más: el enfoque de la inseguridad que obliga a nuestra intervención desde una óptica militar se centra en el hecho migratorio. Uno de los riesgos y amenazas de este áfrica urgida de nuestros militares, es la inmigración.

Una población mayoritariamente joven, sin trabajo y sin esperanza de futuro. Todo esto causa la inmigración ilegal masiva de la que se lucran las organizaciones de crimen organizado de la región»

Al respecto sobran los comentarios, sobre todo cuando conocemos que el documento dice que va a tratar desde la óptica de la defensa y seguridad la inmigración para así ir a las raíces del problema (con lo que no sabemos si las raíces del problema  para estos señores es que la inmigración genera inseguridad y ésta se combate con militares, o que las raices son la pobreza pero que, dado que no saben cómo combatir esta sin cambiar las reglas de juego mundiales no queda otra que mandar militares a estos países para que no intenten venir a Europa, o cualquier otro razonamiento similar).

4) El ejército busca nuevos enemigos.

Una vez que los tradicionales «enemigos» que justificaban el monumental gasto militar español se han convertido en papel mojado, la evidencia de que un ejército no tiene función defensiva alguna ha hecho que los militares busquen nuevas justificaciones para su «papel institucional».

Que los problemas que hacen que nuestra élite extractiva siga viendo al ejército como un garante siguen ahí (el debate territorial y las esencias patrias, la vigencia de un orden que garantiza los privilegios de unos pocos e impone disciplina y autoridad al resto, el papel de punta de lanza de una diplomacia enfocada a la expoliación de otros a la escala que un estado como España puede permitírselo, la defensa de los intereses de la OTAN y EEUU, etc) es una evidencia, pero ocurre que dichos problemas ahora no son vistos como tales por la inmensa mayoría y no justifican, a juicio de ésta, el despliegue militar que tenemos.

Es por eso que los ejércitos y los militaristas necesitan fabricar nuevos enemigos imaginarios para justificar la imposición militarista. Y en este punto, el papel de la inmigración como riesgo es elocuente. En realidad su complejidad no permite un enfoque militar ni justifica un gasto militar ingente, pero sirve para atizar los miedos ciudadanos y crear una cortina de humo en las «deslegitimidades» de los ejércitos y la resolución violenta de los conflictos mundiales.

Ahora bien, el problema de las migraciones humanas tiene que ver, principalmente, con la situación de la justicia y el desarrollo a nivel mundial, más bien con la desigualdad y el ejercicio de la violencia y la dominación como argumentario del orden mundial, y con la negación de un orden basado en los derechos humanos a escala planetaria. Esto es principalmente el motor y el vomitorio de inmigración por el mundo.

Por ello abordar las causas es luchar por un cambio global del orden mundial que haga de la inmigración no una fatalidad ni un negocio, sino el ejercicio de un derecho en pié de igualdad con el de no emigrar si no se quiere.

El ejército y el enfoque autoritario sobre las políticas migratorias no hace sino complicar más las cosas, porque el militarismo no es la solución, ni parte de la solución, sino parte, una gran parte, del problema.

Por eso, una vez más, políticos y militares usan un tema para justificar una mentira: la necesidad de la defensa militar para los intereses de la sociedad.

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