Otra inmunidad para los militares: la obediciencia debida en el golpe del 23 F

En el podcast que sigue se puede escuchar la visión de Jacinto Antón sobre cómo vivieron el golpe de estado del 23 F en directo, en el mismísimo Congreso de los Diputados, cuando eran policías militares.

Ellos mismo se extrañaban de que después de algo tan grave salieran todos sin ningún impedimento hacia sus cuarteles, de vuelta a la vida diaria, sin ningún cargo, ni detención, ni juicio ni reproche de ningún tipo.

Les sorprenden la inmunidad de los militares de baja graduación ante hechos tan graves. ¿Será que la «obediencia debida» debe excusar cualquier desmán?

Fuente:  Cadena Ser.

A muchos otros nos han apaleado por protestar en las puertas del Congreso, o en sus cercanías.  Tal vez esto era una agresión al Congreso (eso dicen los políticos al menos, pero lo de los militares no tanto). A muchos les han detenido, a otros les han multado.  Las cargas ante las protestas populares, la mayoría noviolentas, han sido constantes, las acusaciones a los manifestantes han sido muy gruesas:  poner en peligro a la democracia, violentar a las instituciones y a sus respetabilísimos representantes populares, etc.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los que dieron el golpe de estado salieron impunes, el razonamiento fue, y sigue siendo, la obediencia debida a los altos mandos, un excusa penal inmoral. Otra demostración más de que los militares son impunes, este es otra más de sus privilegios, de que ellos pueden hacer lo que quieran y no les pasa nunca nada. ¿Qué necesitan los altos mandos militares?  Que haya carne de cañón, es decir, soldados, cabos, sargentos, tenientes, capitanes que estén dispuestos a obedecerles sin dudar y pidan lo que pidan.  Como contraprestación se les ofrece la inmunidad, la ausencia de responsabilidad ante lo que hagan.

¿Es esto justo?

Del relato nos resulta asombrosa la imagen que dan del ejército español, en una de sus autodenominadas fuerzas de élite.  Nos hablan de gente que tuvo como principal actividad dormir por los rincones, otros buscaron alcohol y pasarlo lo mejor posible, o saquear el bar, o hacer «turismo» por el Congreso, o saquear los despachos, todo actividades nobles, como se ve.  ¿Esa es la ética de los que nos defienden?, ¿Dónde estaban los mandos para evitar estas tropelías?  ¿Cuál era la ética de los mandos, tanto en estos «pequeños» detalles como en el detalle inmenso del propio golpe de estado?

Es llamativo, como cuenta uno de los entrevistados, que no les penalicen por dar un golpe de estado y, sin embargo, dos semanas después le arresten por no llevar los calcetines reglamentarios.  Es decir, lo que vale es el estrictísimo y cateto reglamento militar y, por supuesto, la obediencia debida.  La lógica, los valores humanos, el librepensamiento, hay que dejarlos en la puerta al entrar a lo militar, a pesar de haberse comprobado científicamente que pensar no produce secuela alguna.

También es llamativo que sólo una persona de ciento y pico diese un paso atrás cuando les comunican que van a tener que disparar contra otros. Sólo una persona se negó. ¿Las demás tenían tan interiorizada la violencia que imponía el servicio militar obligatoria, como para no ser críticos ante la orden de tener que disparar contra sus compatriotas? , ¿O es que el miedo a que tomasen represalias los golpistas contra ellos les obligó a ser egoístas y preferir disparar a otros antes que el calabozo?

Ambas situaciones son muy penosas y nos hablan de la baja catadura moral del ejército como institución y escuela de formación.  O te inhumanizan por medio de la violencia o lo hacen por el temor.  En ambos casos los soldados dejan de ser personas libres, de tener un criterio propio y se convierten en meras armas mortíferas contra quienes les ordenen.

Otro aspecto a analizar es el de la comunicación.  Les prohibieron llevar transistores.  Para el éxito del golpe de estado era necesario que no supieran lo que iban a hacer, que no tuvieran noticias reales, sino mentiras y órdenes militares.  Todo para que no puedan pensar, valorar, ser críticos.  Pura tecnología militar básica.

Muchas veces hemos abogado y explicado que los militares son, en realidad, nuestro enemigo.  Sus mecanismos, su ética, y sus privilegios, demostrados en el podcast anterior y en nuestros razonamientos siguientes, nos llevan a concluir que es la institución que más amenaza nuestra paz en todos los niveles (directo, cultural y estructural).

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