Sobre el tratado de Comercio de Armas: Una aclaración para el debate

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Recientemente publicamos una entrada en este mismo blog criticando la ambiguedad de argumentos e intenciones que esconde el Tratado de Comercio de Armas aprobado últimamente.

Es evidente que no criticábamos el esfuerzo de tantas organizaciones interesadas en la promoción por la paz por conseguir al menos un tratado que regule este opaco sector, sino el uso torticero y los intereses en juego de empresas militares y estados, que han hecho que el desarme pase de ser una propuesta a favor de una construcción alternativa de la paz, a una propuesta asimilable y a favor de un status quo militarista.

Veníamos a indicar, por eso, la mezcla de intereses más o menos favorables a la paz con otros oscuros y favorables a consolidar una dominación más evidente en el mercado de la venta de armas por parte de las grandes superpotencias. Proponíamos que, dentro de la amplia gama de aspiraciones pacifistas y antimilitaristas, no podría considerarse el tratado de armas un fin en sí mismo, sino un paso mínimo y necesitado de otros muchos avances en infinidad de aspectos para que no acabase convirtiéndose en un elemento más de consolidación del status quo militarista imperante.

Nos contesta a esta entrada el amigo Jordi Armadans, por otra parte un destacado pacifista catalán, afirmando

«Amigos de Utopía Contagiosa,

Como el militarismo y la hipocresía de estados y empresas están más que presentes en todos sitios, haya o no tratado, la existencia de una normativa de regulación del comercio de armas es, por definición, un avance, por pequeñísimo que sea.

Las limitaciones e insuficiencias del Tratado son evidentes. Me permito destacar, entre otras de posibles, 3 razones que justifican que el Tratado de Comercio de Armas (TCA) sea visto como un avance:

. en primer lugar, un avance en términos de mayor control de lo que sucede en un ámbito, el comercio de armas, que como sabéis es extremadamente opaco.

. en segundo lugar, un mecanismo para poner en dificultad las transferencias de armas -no solo a ‘terroristas’- sino principalmente a dictadores y criminales de guerra. Que eso va a ser difícil de concretar y que no siempre va a suceder? sin duda. Pero es mucho mejor que ahora, sin duda también.

. en tercer lugar, el TCA va a contribuir, y ya ha contribuido, a estigmatizar el comercio de armas, señalándolo como un factor generador de violencia y vulneraciones de los derechos humanos. Para todos nosotros, eso es bastante obvio. Pero muchos diplomáticos, periodistas, políticos, etc. antes nunca lo hubieran admitido y, ahora, lo afirman en público.

Finalmente, si el TCA fuera tan inocuo se habría aprobado sin más. En cambio, han sido necesarias casi dos décadas de campaña ante las fuertes resistencias de estados, potencias armamentísticas y empresas militares.

Gracias por el trabajo y el blog.

Abrazos»

Sin dejar de reconocer la parte de razón del argumento (de hecho comenzábamos nuestro alegato diciendo que es preferible que se controle la venta de armas a no se haga y que es preferible reducir el militarismo a aumentarlo), seguimos afirmando la necesidad de que las agendas pacifistas vayan más allá de la institucionalización de tratados de control de armas, precisamente por las razones que tanto Armadans como nosotros hemos explicitado en repetidas ocasiones: la hipocresía y el militarismo de empresas y estados y las evidentes limitaciones de la vía de regulación legal para promover una paz que vaya más allá de la mera paz negativa, entendida como ausencia de guerras y negación de los conflictos y no tanto como lucha contra la violencia estructural y cultural y como lucha por una paz con verdaderos contenidos.

Pero en el presente queremos destacar la oportunidad, en este preciso momento, de reafirmar que la vía del «desarme» no es la vía más pacifista, sino una mera vía coyuntural y oportunista, y por tanto insuficiente para construir una alternativa de defensa a la defensa militar y ello por varias razones suplementarias:

  • El mero desarme, como se ha explicado ya, no equivale a la construcción de una paz positiva, sino sencillamente a un control más o menos limitado del uso de la guerra como argumento de la política internacional. El desarme lleva a una paz negativa, pero no a una paz positiva.
  • Hay una tendencia en los partidos políticos que se proclaman alternativos a divagar en materia de defensa (podemos ver los programas electorales para las pasadas elecciones nacionales o europeas para comprobarlo), y sería ofrecerles una excusa inmerecida para no profundizar más en su propuesta, alentar la idea de que apoyar el tratado de comercio de armas, sin más, es alternativo y goza del apoyo pacifista. En nuestro criterio es imprescindible provocar que las agendas de propuestas políticas en materia de paz y seguridad vayan más allá del conformismo con el status quo y promuevan políticas de reducción gradual y progresiva del militarismo y de construcción gradual y alternativa de poder y autoorganización desde la base en materia de paz.
  • Es más inclusivo, completo y sobre todo, ofrece un horizonte claro y coherente, el hablar de transarme (que no excluye el desarme como estrategia de quitar y no solo regular el poder militar) que de desarme.
  • Conviene que afirmemos con rotundidad la globalidad de la agenda antimilitarista y pacifista: ¿promueve el pacifismo que lucha por la aplicación de los tratados de paz la aspiración concreta de políticas de transarme, que pasan por
    1. quitar gradualmente gasto militar y transferirlo a necesidades sociales,
    2. quitar armamento,
    3. quitar efectivos militares,
    4. quitar infraestructuras militares,
    5. Reconvertir la producción militar a finalidades socialmente necesarias y sostenibles,
    6. Abolir el armamentismo,
    7. Provocar cambios de política entre pueblos basados en la abolición de la guerra y en la cooperación entre los pueblos,
    8. Abandonar las alianzas militares y la actual geoestrategia,
    9. defender la seguridad humana,
    10. generar mediante la lucha social y la desobediencia el desbordamiento y la deslegitimación del militarismo,
    11. abogar por la desmilitarización gradual de la defensa hasta la completa abolición de la defensa militar,
    12. trabajar por el abordaje noviolento de los conflictos,
    13. Impulsar el apoderamiento por el común de la sociedad de una cultura de paz,
    14. Luchar contra la violencia estructural y cultural, etc.,

o quiere legitimar las medias tintas que, hasta la fecha, se ven en las propuestas de los partidos políticos en política de defensa?

  • ¿Basta con un pacifismo institucionalizado y que dialoga con las élites o es preciso un pacifismo alternativo, que construye con las bases sociales y que aspira a la defensa de las sociedades y de sus necesidades políticas, sociales y de seguridad humana?

Es por eso que mucho nos gustaría que en estos precisos momentos se enfatizara la estrategia de la desmilitarización de la defensa y no sólo la de la institucionalización del control militar, más manipulable por parte de los intereses militaristas.

En definitiva, si algo nos une es el acuerdo en que la paz negativa no es en realidad paz, sino violencia, y que la lucha por la paz debe centrarse en conseguir objetivos de paz global, centrados en la lucha por ir más allá del mero desarme militar, hacia el desarme de las conciencias y la desmilitarización de la política.

Sin dejar de reconocer el esfuerzo de personas y grupos en conseguir mínimos de control en el exagerado armamentismo actual, esperamos continuar la lucha juntos abogando por llevar el ideal de la paz mucho más allá de lo que pretenden permitir las grandes potencias.

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