Debates electorales (II): qué defender

Tras la introducción que suponía plantear la necesidad de debate sobre temas de defensa cuando se elaboran los programas electorales, ahora queremos abordar el tema que nos parece la piedra angular de todos los debates sobre defensa:  ¿qué queremos defender?

Resulta asombroso y turbador comprobar cómo en la Directiva de Defensa Nacional de 2012 (gobierno de Rajoy) se decía que España no tiene enemigos.  Entonces, ¿para qué está todo el entramado militar de cientos de miles de soldados montado, por qué en 2014 vamos a gastar 27.659 millones de € en Gasto Militar?  Parece demasiado incongruente.

Una estudio sobre las diversas Directivas de Defensa Nacional se puede encontrar en forma de presentación en prezi.

1.-  Defensa militar versus seguridad humana.

Pensamos que el principal debate dentro de este epígrafe es si nuestro modelo de defensa quiere defender los postulados de la defensa militar o los postulados de la seguridad humana.

La defensa militar busca defender las fronteras y el territorio contra las supuestas agresiones externas y la protección de los intereses nacionales en la política exterior (sería más adecuado decir que busca la protección de los grandes empresario y los grandes grupos de poder, no de los intereses de las personas comunes). También busca defender conceptos como la nación, los valores patrios, la patria, etc;  además, pretende defender la bandera, las instituciones y su permanencia inamovible.  La defensa militar se ha convertido en una manera, más o menos solapada, de crear conflictos fuera de nuestras fronteras para venderles armas y luego «ayudarles» con intervenciones humanitarias militares y/o civiles.

En definitiva, la defensa militar busca defender el status quo nacional e internacional.  Se convierte, por tanto, en un concepto diseñado más para el estado-nación que para la gente, más para las élites políticas y/o económicas que para las ciudadanos de a pié.

En cambio, la seguridad humana, es un concepto que tiene otras expectativas verdaderamente alternativas.  La seguridad humana es un concepto universal, pertinente a la gente de todo el mundo, no exclusivo de las naciones-estado;  además, los componentes de la seguridad humana son interdependientes, no buscan la victoria, la desaparición del enemigo, y ni siquiera se plantean la existencia de enemigos;  la seguridad humana se preocupa por la forma en que vive la gente, la libertad con la que pueden ejercer diversas opciones, participar de la democracia, ejercer sus derechos económicos, políticos y sociales;  la seguridad humana busca defender la vivienda, la sanidad, la educación, el medioambiente.

También, como tantas veces, existe una opción intermedia, patrocinada por los intereses militares que es hablar de seguridad militar.  Es, simplemente, un intento de confundir a la gente dejando de hablar de defensa (que se entiende ligada estrictamente a lo militar) para hablar de seguridad, concepto que explican que es más amplio y abarca las relaciones sociales, económicas, etc.  Lo malo es que como se hace desde la óptica militar es un concepto de defensa que acaba buscando defender lo mismo que la defensa militar, eso sí con otra jerga.

2.-  ¿Quiénes son los enemigos?

En la jerga militarista se pasó de unos enemigos nítidamente caracterizados:  la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, a hablar de riesgos y amenazas.  En España el viaje fue más largo, se pasó de hablar de un enemigo exterior (el anterior) y otro interior (el propio pueblo con ideas democráticas) a sólo un enemigo exterior que nos hizo ingresar en la OTAN.

Los enemigos en la defensa nacional son los demás estados, todos aquellos que tengan armas, o las puedan tener, todos aquellos que tengan fronteras comunes, o aquellos que tengan unas fuerzas armadas capaces de invadir, aunque sea salvando grandes distancias

La Directiva de Defensa Nacional (DDN) redactada por el gobierno de Rajoy dice que España no tiene enemigos, pero existen riesgos y amenazas.  Se ha llegado, incluso, a hablar de incertidumbres. Estos conceptos tan etéreos y a la vez ubicuos son los que hacen, sin ningún tipo de razonamiento asociado, indispensable la existencia de una defensa militar.  Se ven dos grandes tipos de amenazas:

  • Las amenazas compartidas:  ataques cibernéticos, armas de destrucción masiva, tráfico de personas, piratería, grupos fanatizados, quiebra del espacio aéreo y espacial.
  • Las amenazas no compartidas:  inestabilidad en la frontera y orilla Sur, Oriente Medio y el Sahel, el tráfico ilícito en Guinea (piratería), el tráfico ilícito en latinoamérica (narcotráfico, terrorismo, y amenazas a los intereses de las empresas españolas en la zona).

Como se puede ver, todo en consonancia con lo que decíamos anteriormente.  Llama la atención, en la línea de expandir el concepto de defensa hacia el de seguridad, que se consideren desde esta perspectiva los intereses de las empresas españolas en la zona, aquí ya concretamos pero en una dirección que no nos parece adecuada:  se busca defender nuestro bienestar aunque sea a pesar del de otros países y sociedades.

Otro texto revelador de las intenciones de la defensa militar actual en la DDN es:

asegurar una España fuerte, que permita mantener la influencia necesaria en el contexto internacional, para contribuir a la estabilidad de éste, principalmente en nuestra zona de interés directo, así como a preservar nuestros intereses nacionales en el resto del mundo.

Lo cual parece indicar claramente las ansias de ser una potencia que defienda sus intereses en todo el mundo, cual si fuésemos una potencia hegemónica.  Pero, hay que constatar que los intereses que quiere defender España no están explicitados, por lo cual pueden ser, y son, sometidos a manipulación fácilmente para adecuarse a los de los grupos financieros imperantes.

En cuanto a la seguridad humana, los enemigos están más claramente marcados:  todo lo que afecte al medioambiente, a la calidad de vida de la gente (sanidad, educación, empleo, …), lo que socave la libertad de ejercer los derechos sociales, políticos y económicos, etc.

La crítica que se suele hacer a esta opción, desde el punto de vista militarista, es que no habla de lo que ellos piensan que es vital defender, que se mea fuera del tiesto y que, por ello, nos vamos a quedar indefensos ante cualquier ataque extranjero.

Quizá les tendríamos que recordar que multitud de países con potentísimos ejércitos han sido atacados por fuerzas militares del extranjero y/o por terroristas.  Es decir, que la posesión de un ejército no es garantía de que no se vaya a sufrir una invasión o ataque.  Por otro lado, lo que sí garantiza un ejército es que nos vean como posibles enemigos y que se tenga un gasto económico muy considerable que se desvía de los gastos sociales que son lo que realmente se quiere defender.

Y he aquí la clave del debate:  qué queremos defender.  Nunca en la historia hemos sido consultados sobre este punto.  Ningún partido político, en sus programas electorales aborda el tema.  No hay un verdadero debate social sobre el punto clave de los modelos de defensa.  Así, vamos aplicando, con dejadez a la hora de plantear alternativas, lo que siempre se ha aplicado.  Es decir, optamos por el continuismo.  Lo que ocurre es que si miramos las raíces de este continuismo, nos daremos cuenta de que se instalan en el modelo de defensa de la dictadura y que estamos aplicando diariamente muchos de sus tics, sin ni siquiera cuestionarlos.

3.-  Violencia directa versus violencia estructural y cultural.

Pensar y debatir sobre estos tres conceptos también es clave a la hora de definir nuestro sistema de defensa.  La defensa militar está basada en defendernos de la violencia directa.  Lo que se suele ocultar es que, además de potenciar la violencia directa, esta visión fomenta la violencia estructural y cultural.

El concepto más “sencillo” de violencia es el de violencia física o directa:-toda aquella acción agresiva o destructiva contra la naturaleza (daños contrala biodiversidad, contaminación de espacios naturales, etc.),- contra las personas (violaciones, asesinatos, robos, violencia de género,violencia en la familia, violencia verbal y/o psicológica, …)- o contra la colectividad (daños materiales contra edificios, infraestructuras,guerras, etc.).

El uso (mejor sería decir, el abuso de la fuerza) tiene objetivos diferentes: lucro personal, intereses políticos, compensación de problemas psíquicos, etc.

La violencia directa tiene como principal característica diferenciadora que es una violencia visible en lo que se refiere a muchos de sus efectos; básicamente los efectos materiales (por ejemplo, los antes citados). Sin embargo, también es cierto que algunos efectos aparecen más o menos invisibles (odios, traumas psicológicos, sufrimientos, relaciones internacionales injustas, adicción a una cultura violenta, concep -ciones culturales como la de ‘enemigo’, etc.) o no se suelen considerar de tanta importancia como los efectos materiales.

Nos deberíamos preguntar cuáles son los efectos sociales, ecológicos, económicos, culturales y políticos de estar considerando siempre a los demás como enemigos.  El primero de ellos es la reciprocidad.  Las demás naciones también nos consideran a nosotros como sus enemigos, aunque nosotros nos sintamos muy lejos de serlo.

Los ejércitos necesitan armas y generan una industria armamentística que se convierte en un verdadero lobby económico-político.  Dichas armas necesitan ser exportadas porque no son socialmente útiles y el único rendimiento que se les puede sacar es venderlos a otros países para poder ingresar algo por un bien que es altamente perjudicial.  Para ello, la política internacional ha de crear la necesidad de esas armas fomentando tensiones, conflictos, guerras.  Estas exportaciones de armas, estamos acostumbrados a ver, que son una de las principales características de los tratados comerciales, incluso de la ayuda al desarrollo, hacia los países no desarrollados.  Ello implica su empobrecimiento creando violencia estructural.

Una pequeña definición de violencia estructural sería la que citamos a continuación:

a inicios de la década de los años ’70 del sigloXX, Galtung y otros desarrollaron el concepto de violencia estructural, concepto queavanza a una visión de violencia más dinámica y más invisible: se define la violenciaestructural como “aquello que provoca que las realizaciones efectivas, somáticas y mentales, de los seres humanos estén por debajo de sus realizaciones potenciales”.
Siguiendo y concretando esta línea de razonamiento, posteriormente Galtung definiría cuatro tipos de violencia:
·la clásica o directa que se ejecuta contra el cuerpo y la mente humana,
·la pobreza que provoca la privación de las necesidades humanas básicas, por ejemplo, ¿cómo es posible que hoy en día mueran 9 millones de niños y niñasmenores de cinco años por falta de antibióticos o vacunas?
·la represión que provoca la privación de los derechos humanos y
·la alienación, que provoca la privación de los derechos humanos y políticos.
Los tres últimos 3 tipos de violencia serían los que conforman la violencia estructural.  La violencia estructural sería un tipo de violencia indirecta, es decir, las acciones que provocan el hambre en el mundo, por ejemplo, no están diseñadas y realizadas directamente con ese fin, sino que son derivaciones indirectas de la política económica capitalista y del injusto reparto de la riqueza. Esto provocaría que las causas que producen la violencia estructural no sean visibles con evidencia, en algunos casos o en un análisis poco profundo, con lo cual se entiende el por qué de su denominación posterior.

Otra característica importantísima de la violencia estructural, además de su invisibilidad, es que se encuentra, junto a la violencia cultural, como causa profunda de muchísimos conflictos.

Muchas partidos políticos y personas, se sorprenden cuando estalla un conflicto o guerra.  Entonces, la violencia directa, les impulsa a hacer algo rápidamente, por ejemplo, una intervención más o menos humanitaria.  ¿Por qué no les urgía antes, cuando el conflicto, con hondas bases estructurales se iba fraguando y agrandando?  Simplemente porque no veían la importancia de la violencia estructural en la génesis de los conflictos.  Así, la mayor parte de los partidos políticos se ver urgidos a intervenir, de alguna manera, ante los muertos y las situaciones graves de violencia directa.  Y ello les hace altamente vulnerables a la manipulación militarista.  Dado que sólo existe la posibilidad de una intervención militar, aunque sea para ayudar en un tifón o en una hambruna, el militarismo se garantiza su exclusividad en la política internacional.

Pero, ¿qué ocurriría si, sobre todo nos fijásemos en la violencia estructural que ejerce el primer mundo, entre ellos España, sobre la génesis de la mayoría de los conflictos que acaban en guerra actualmente?  Parece que ni los ciudadanos ni los partidos políticos somos conscientes de que la situación de explotación económica, la venta de armas ligada a los fondos de ayuda al desarrollo, el mantenimiento de muchos dictadores en sus puestos por décadas (Gadafi, El Assad, …), nos harían ser conscientes de que estos son los momentos en que más y mejor se puede invertir en políticas noviolentas que ayuden a evitar conflictos armados.  Muy seguramente, si las sociedades del Tercer Mundo, que es donde se dan la mayor parte de las guerras actualmente, pudiesen desarrollarse económica, social y políticamente de manera mejor, las guerras tendrían mucha menor oportunidad de ocurrir.

Además, potenciar la visión estructural de los conflictos nos haría darnos cuenta de que otro escenario en el que hay que intervenir para evitar las guerras es nuestra propia sociedad.  Efectivamente, somos los séptimos exportadores de armas del mundo y nuestras multinacionales y nuestra política exterior son causantes de violencia estructural.  En consecuencia, la conclusión sería que acabar con las guerras en el extranjero sería más posible si acabásemos con nuestro propio militarismo, con nuestra política exterior intervencionista y con nuestras fábricas de armas.  Además, todo ello significaría que los demás países dejarían de vernos como enemigos.

Para acabar, es necesario analizar también el concepto de violencia cultural:

una violencia que “se expresa también desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia, leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren, y ofrece justificaciones para que los seres humanos, a diferencia del resto de especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo”

El papel de la violencia cultural es por lo tanto ser una especie de argamasa que dota de coherencia al sistema de dominación y violencia en el que nos movemos actualmente.  No hay que olvidar que la alternativa, el paradigma de cooperación-noviolencia también coexiste ahora y ha existido siempre.  Hay muchísimos ejemplos de sociedades, etnias, países, gentes, que colaboran y colaboraron para mejorar sus respectivas situaciones y que regularon sus conflictos de manera cooperativa y rechazando la violencia.

¿En qué curso de nuestras escuelas, en qué asignatura se enseñan los casos históricos de desobediencia civil a las guerras, de cooperación internacional para resolver conflictos, de sociedades que promovieron y promueven otras formas, noviolentas, de hacer política?  En ninguno.  Quizá, mejor dicho, seguramente, fijarnos en estos ejemplos y difundirlos haría que surgiesen más iniciativas noviolentas a nivel social y político para colaborar con los países vecinos y para ayudar a la resolución noviolenta de conflictos lejanos.  También tendrían nuestros políticos muchos menos argumentos y muchas menos excusas para aplicar la violencia.  Hay que promover la creación de una cultura de paz coherente, ética y aplicable en la sociedad y las relaciones internacionales actuales.

4.-  Conclusiones.

  • Es imprescindible que la sociedad reclame a los partidos políticos que concreten sus ofertas en los programas electorales en lo que concierne a los gemas de Defensa.
  • Es necesario que los partidos políticos expongan con claridad qué quieren defender, cuáles son los enemigos que ven, cuál es el origen de la violencia directa, estructural y cultural que quieren combatir, si optan por defender los postulados de la defensa militar o de la seguridad humana.
  • Es imprescindible que la sociedad se haga soberana, también en temas de defensa.  Y que debata profundamente qué quiere defender.
  • Es imprescindible que la sociedad investigue y audite el actual militarismo para conocer sus defectos y poder confeccionar alternativas desde la actual realidad.
  • Todo lo anterior no es sólo una cuestión que hay que debatir y trabajar cuando llegan las épocas electorales, sino durante los cuatro o cinco años que duran las legislaturas, permanentemente, controlando a nuestros representantes políticos promoviendo la participación social permanente.
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