Seamos serios: no hay prebendismo, sino casualidades de la vida

 

Fuente: Infolibre

Hagamos un ejercicio de rigor y no demos pábulo a las noticias e insinuaciones insidiosas: que Instalaza, la empresa que en su día dirigió el actual Ministro de Defensa una vez que abandonó la Secretaría de Estado de Defensa en tiempos de Aznar el Grande (es metáfora), haya logrado al tiempo que Morenés es ministro de Defensa, más de diez adjudicaciones del Ministerio de Defensa, por concursos a los que ha concurrido, y por importe de más de 12.923.000 euros, no quiere decir ni que haya habido tocomocho, ni que Morenés sea un girapuertas de tomo y lomo.

¿No existe la casualidad?¿No lo dijo Maquiavelo, refiriéndose a la política, eso de la influencia del azar? ¿No puede ser fruto de la potra, de la experiencia, de la casualidad que la empresa Instalaza haya conseguido tan buen trozo en la suculenta tarta del negocio militar?

Seamos rigurosos.

Que del hecho de que un señor que ha pasado del Ministerio de Defensa a la industria militar y de esta al Ministerio de Defensa se pueda deducir un descarado favoritismo no es más que fruto de mentes calenturientas. Puede ser un señor bien decente y actuar de forma irreprochable. ¿Por qué hemos de sospechar de todo y todos?  Tal vez, debemos reconocerlo, no es lo más prudente, pero la prudencia no está reñida con la decencia, o algo parecido. De hecho tenemos otros ejemplos de personajes, tanto del PP como del PSOE  que han pasado de Defensa a la industria militar y viceversa y no es para escandalizarse (al menos hasta ahora la gente decente no ha puesto el grito en el cielo).

Que además haya coincidido que el tal señor Morenés fuera el ideólogo de la fórmula que nos ha endeudado con la industria militar en más de 29.000 millones de euros y que ahora sea él mismo el que ha pactado con esa industria la forma de asegurarles el pago de esa deuda ¿debe ser imputado a maquinaciones?  ¿No puede ser, sencillamente, que el hombre, apesadumbrado por sus deudas morales con la sociedad a la que endeudó, quiera llegar a un arreglo que repare en lo posible el mal causado, consiguiendonos como dice él mismo, aunque resulte increíble para los demás, un ahorro de 6.000 millones de euros que la industria militar nos quería endiñar, además?

Que Morenés contemple en su agenda personal la retahíla de viajes a lo largo del globo, principalmente a países con fuerte capacidad de compra aunque no muy democráticos, para apoyar a la maltrecha industria militar española, ¿quiere decir que use el Ministerio como un coto del lobby militar industrial?  ¿No se puede achacar a su patriotismo, a su búsqueda de impulsar nuestras exportaciones o a su ímpetu de conocer mundo? No seamos malpensados, por favor.

Que Don Pedro se haya hecho con un secretario de Estado que antes de llegar aquí pasó por la principal industria vendedora de armas del mundo y antes de eso por el gobierno, ¿quiere decir que Don Pedro mime al lobby militar industrial y a sus intereses? ¿No puede ser fruto de su contribución a encontrar un interlocutor competente para abordar el problema del abastecimiento de armas a precios razonables, o de valerse de la inestimable experiencia del principal impulsor de fiestas de la jet set en Madrid?

Tampoco es censurable que Morenés haya rechazado comparecer a la Comisión de Defensa multitud de veces en las que ha sido llamado por la oposición. Seguramente con tanto viaje y trabajo no tiene tiempo para perderlo en algo tan nimio y ante una gente tan anodina.

Ni que haya echado su cuarto en bastos a la construcción de un «polo militar industrial» a la española (a pesar de la ruina de Navantia con sus submarinos con sobrepeso y otros) ni que haya intentado que Europa tenga un polo industrial potente y exportador para garantizarse la supremacía militar dentro de la OTAN. Esto es lo lógico y coherente en el pensamiento militarista. Si cabe, hay que censurar a los otros que piensan lo mismo pero ni lo dicen ni lo demuestran, aunque tiran la piedra mientras esconden la mano.

Todo es mentira.

Pero, …  Vamos a pensar, por un momento que fuese verdad.  ¿Convendría reclamar la responsabilidad política y penal por estas malas prácticas a los gestores de la Defensa?

Morenés no es más que uno más, el rostro visible de la lógica militar y por ello, escandalizarse de la imagen que nos devuelve amplificada el espejo de la realidad es pecar de hipocresía, porque esa política es la que pagamos, aceptamos, y de la que nos beneficiamos casi todos sin que nadie proponga una alternativa radical a la misma.

¿No será que Morenés, el espíritu de Morenés, anida en más de un partido y en una mentalidad militarista compartida?

Una de dos, o Morenés no existe, o es fruto de la pura casualidad.

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