La brutalidad de la guerra hacia las mujeres afganas

 

Fuente: Público.

Afganistán es uno de los escenarios en los que el ejército español está presente. Teóricamente están allí para defender los intereses de España en el mundo y para defender los derechos humanos de los afganos, agredidos por los talibanes.

En teoría el maltrato a las mujeres en el régimen talibán era una de las principales justificaciones de la invasión en la que España participa.  Supuestamente España fue allá a liberar a estas mujeres.

Ahora bien, el balance es desastroso. Al parecer, los años de contienda se han cebado sobre todo con las mujeres. En realidad todas las guerras son especialmente cruentas con las mujeres, que pasan a ser una de las principales víctimas de las guerras.

Según la Jefa de la Comisión de Derechos Humanos de Afganistán, Sima Samar, la brutalidad y los crímenes contra las mujeres se han multiplicado de forma escandalosa en 2013 en aquel país. ¿Es esto un síntoma de la pacificación prometida?

La brutalidad de los casos es realmente mala. Cortar la nariz, los labios, las orejas. Cometer violaciones en público, Violaciones masivas (…) van en contra de la dignidad y la humanidad”.

No parece que las promesas de paz hayan mejorado el panorama y nos preguntamos si los más de 2.000 millones de euros que la acción militar española lleva invertidos en esta guerra a costa de nuestros impuestos tienen algo que ver con el actual clima de terror. ¿No podrían haberse invertido en otra cosa distinta, más acorde con la dignidad humana y la lucha contra la violencia estructural y cultural en Afganistán?

La señora Samar se lamenta de la marcha de las tropas internacionales. Al menos -dice- con su presencia, la brutalidad era más solapada y las mujeres mantenían un mínimo de tranquilidad; “La presencia de la comunidad internacional y equipos de reconstrucción estaba dando confianza a la gente en la mayoría de provincias”.

¿Quiere decir que sería preferible que las tropas internacionales no se marchen de Afganistán?

Desde nuestro punto de vista, la cuestión de la violencia hacia las mujeres radica en otro lado y la intervención militar, si algo ha demostrado, es su ineficacia para provocar un cambio cultural profundo en el respeto de los derechos de las mujeres. La presencia de las tropas y del estado de guerra crónica que impusieron no ha hecho sino cronificar el problema, polarizarlo más y ahora, cuando se lavan las manos y se marchan las tropas de allí, dejar en la más absoluta y previsible vulnerabilidad a las mujeres afganas.

Otra activista, Suraya Pakzad, afirma que se han dado recientes casos de lapidación pública de mujeres por parte de las tropas afganas (es decir, de las tropas a las que supuestamente han ayudado a mejorar las cosas las tropas de la colación internacional, lo cual demuestra que la violencia contra las mujeres no ha sido tan unilateral como se dice) y que matar a las mujeres es algo fácil. No hay castigo.

Ya lo vemos. En la guerra, las mujeres son siempre perdedoras por partida doble. Y no parece que las coaliciones militares occidentales sirvan lo más mínimo para solventar esta situación.

¿Podremos por tanto preguntarles para qué valen sus artimañas, qué situaciones han resuelto sus guerras, qué cambios reales han provocado, en qué gastan nuestros impuestos?

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