¡ Que intervenga el ejército!

Caudillos+Nunca+M%C3%A1is

fuente. La voz de Galicia.

En este blog hemos dedicado muchas páginas a alertar del peligro latente que suponen los ejércitos para las sociedades. Ya dijo el bueno de Einstein hace mucho tiempo que si había una institución que debería desaparecer de la faz de la tierra por su perversidad absoluta, ésta eran los ejércitos. En un alegato antimilitarista tan vigente hoy en día como cuando lo compuso (se puede leer en un librito muy antiguo editado por ediciones La Piqueta) argumentaba:

Con esto paso a hablar del peor engendro que haya salido del espíritu de las masas: el ejército al que odio. Que alguien sea capaz de desfilar muy campante al son de una marcha basta para que merezca todo mi desprecio, pues ha recibido cerebro por error: le basta con la médula espinal. Habría que hacer desaparecer lo antes posible a esa mancha de la civilización. Cómo detesto las hazañas de sus mandos, los actos de violencia sin sentido, y el dichoso patriotismo. Qué cínicas, que despreciables me parecen las guerras. ¡Antes dejarme cortar en pedazos que tomar parte en una acción tan vil! A pesar de lo cual tengo tan buena opinión de la humanidad, que creo que este fantasma se hubiera desvanecido hace mucho tiempo si no fuera por la corrupción sistemática a que es sometido el recto sentido de los pueblos a través de la escuela y de la prensa, por obra de personas y de instituciones interesadas económica y políticamente en la guerra.

Pero ahora, la Fundación Francisco Franco, una de las más rancias defensoras de los valores nacionalistas y reaccionarios de la España pata negra, exige la intervención del ejército español para consolidar la causa nacionalista españolista frente a la aspiración independentista catalana de los últimos meses.

En muchas ocasiones hemos criticado desde aquí la extraña conexión que suele darse casi siempre entre militarismo y nacionalismo y el peligro que esta sinergia conlleva para las aspiraciones de justicia y libertad de los pueblos. Incluso más, la sorpresa que nos produce el hecho de que por lo general los nacionalismos aspiren, como una de las cosas más primeras en su ideario, a tener un ejército para supuestamente defenderse de los «enemigos», casi siempre gentes igualmente sometidas al poder tiránico de la lógica de dominación y violencia que impera en nuestro mundo. Que una sociedad se considere unida en sinergia singular con sus élites extractivas (casi siempre al servicio de los poderes vigentes en el mundo, que estos sí que son bien globalizados) y considere ajenos a quienes comparten con ellos un destino de víctimas en otros pueblos, nos ha parecido siempre una simplificación grave y nefasta para el empoderamiento de la sociedad, pero no mayor que la de que unos cuantos intenten imponer violentamente a otros el modelo de sociedad que les plazca sin escuchar las preferencias de la gente.

Desde nuestro punto de vista la conexión nacionalismo-defensa-ejércitos-militarismo siempre es una estafa para los derechos de los de abajo y bien haría ahora la aspiración de autodeterminación de los pueblos catalanes en vacunarse contra la misma y cortarla de raíz, como parece que propone el Col.lectiu Pau i Treva que promueven, entre otros, Teresa Forcades, Sergi López, Nora Navas, Arcadi Oliveres, Albert Om, Marina Rossell, Maria del Mar Bonet o Josep Maria Terricabras.

Pero aparece en el día de hoy la frase del millón. La Fundación Francisco Franco, financiada y mimada por el Ministerio de Defensa español y uno de los nidos reaccionarios más efervescentes de lo que constituye la burriez patria, acaba de posicionarse ante lo que ellos llaman el «secesionismo» catalán. Para ellos,

El Ejército no puede continuar callado ante la deriva de España, en manos de mafiosos y traidores

Aunque la ultraderecha española tienen una cierta confusión terminológica en cuanto a los términos callar-hablar (lo cual en general implica una cierta cultura del diálogo y no supone forzosamente imponernos nada por la fuerza) versus actuar militarmente (lo cual por lo general implica todo lo contrario a la justicia y a la democracia y llama a tomar el poder por las armas), lo cierto es que la proclama llama a un nuevo alzamiento militar y, con ello, a la mayor amenaza que puede pesar sobre todos nosotros, lo cual desvela el verdadero papel y la principal amenaza que constituye el ejército, del que deberíamos desembarazarnos en beneficio de todos.
El tema nacionalista exacerba a los militares hispanos, al fin y al cabo nacionalistas pasionales de primer orden aunque de signo diferente de los otros nacionalismos peninsulares y con el agravante de que lleva imponiendo sus reales varios siglos, en muchas ocasiones a sangre y fuego. Esto es algo con lo que llevamos sufriendo una gran parte de la historia de estos lares y, si nos apura, uno de los males más pestíferos de toda Europa. En el caso de España, la solución militar del nacionalismo ha sido uno de los más nefastos episodios y da la impresión de que, manu militari, estamos todos condenados a padecer una de las concreciones peores de los nacionalismos que acaban consiguiendo su ansiado Estado.
Ahora bien, que la Fundación Francisco Franco pida la intervención del ejército para meter en cintura a los catalanes secesionistas no aparece como un anacronismo más, como una marcianada de cuatro chalados, sino como un evidente mal ejemplo de lo que tenemos enfrente y de hasta dónde las fuerzas «nacionales» y ese espíritu militarista imperante pueden jugar en la configuración de los nuevos consensos que demanda la sociedad.
Y ello porque, amén de las repetidas declaraciones de diversos militares y de medios relacionados con nuestro militarismo en el mismo sentido, no se han conocido, hasta el momento, manifestaciones de repulsa desde a la llamada al ejército hecha desde la fundación Fracisco Franco, ni tampoco de los más destacados líderes de la derecha española.
Es por eso esclarecedora, e ingenua a la vez, la abierta opinión violenta de la Fundación Francisco Franco: Nos advierten del programa de máximos del nacionalismo españolista y nos previenen de lo peligroso que para nuestras vidas es éste y los ejércitos a los que se quieren encomendar como tabla de salvación.
Razones de más para apostar por la abolición de los ejércitos. Una de las peores plagas que, como dice Einstein, padecemos en el mundo.
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