Memoria Antimilitarista: enero de 1976; la Casa del Rey acusa recibo de la desobediencia de los objetores

Fuente: Archivo de Utopía Contagiosa

El documento recuperado:

Damos a conocer dos documentos:

  1. Uno, el manifiesto que entregaron a la opinión pública y a diversas autoridades el 31 de diciembre de 1976, los antimilitaristas Vicente Amurgos Galán, Ovidio Bustillo García, José Díaz Faixat, Guillermo Louis Cerceda y Jesús Viñas Cirera, manifestando su rechazo a incorporarse al ejército.
  2. Dos, el acuse de recibo del mismo, firmado por el Jefe de la Casa del Rey, Marqués de Mondejar, de 7 de enero de 1976.

El contexto.

No queremos extendernos demasiado en el contexto. El 20 de noviembre, un mes y unos días antes de la emisión de este manifiesto de los objetores, había muerto en la cama el General Franco, asumiendo la Jefatura del Estado del franquismo Juan Carlos Primero de Borbón, General en jefe de los ejércitos y designado por el aparato franquista como rey.

Los antimilitaristas y objetores de todo signo eran duramente reprimidos por el aparato penal del franquismo, lo cual era lógico en un régimen cuya ley fundamental, el Fuero de los Españoles, jurado en su día por el Rey, decía en su artículo 7 que el servicio militar era un deber y un honor de todos los varones españoles.

Después de dos intentos, fallidos, de legislar (de forma muy punitiva) la objeción de conciencia al servicio militar y tras una rebelión interna del franquismo en contra de toda exención de esta escuela de adoctrinamiento, el régimen de franco había sancionado un código de justicia militar que penaba con penas de entre 3 y hasta 8 años de cárcel a quienes rechazaran realizar el servicio militar.

A la muerte de Franco eran más de 300 los jóvenes encarcelados por estos motivos y con arreglo a esta legislación y, si contamos desde los primeros represaliados por estas causas, acumulaban los objetores más de 1000 años de cárcel entre todos.

En este contexto, los jóvenes arriba reseñados decidieron enfrentar al franquismo manifestando pública y pacíficamente su rechazo a realizar el servicio militar al que habían sido llamados y realizando, como desafío, una prestación civil voluntaria al servicio de la gente más desfavorecida del barrio de Can Serra en Hospitalet, donde esperaban ser detenidos por la policía del régimen.

Con el apoyo de diversas instituciones, entre ellas Justicia y Paz, que apareció por la época como promotora de la petición, avalada por 1200 firmas, de que se autorizara un servicio alternativo al servicio militar («voluntariado para el desarrollo»), los jóvenes pacifistas empezaron a desarrollar, por su cuenta, ese voluntariado, y dieron difusión al manifiesto que adjuntamos al presente documento para que se conociera su desafío y su propuesta de desobediencia al ejército y a la preparación de la guerra que era el servicio militar.

 El manifiesto «Un camino para la paz»

Los 5 firmantes del documento habían sido llamados a filas con orden de incorporación entre el 17 de octubre de 1975 (días antes de la muerte de Franco) dos de ellos y enero de 1976 los otros 3. Ninguno de ellos había aceptado la incorporación y se habían negado a realizarla, por lo que a la fecha de este documento, podían ser detenidos y encarcelados por negativa al servicio militar.

El documento en el que los objetores daban muestra pública de su desafío, explicaban sus justificaciones, su actuación desobediente y su pretensión.

De este modo, los objetores explicaban sus razones: animar a muchos a defender activamente el derecho a la objeción de conciencia», «ser fieles a su conciencia«, y, sobre todo

«apostar por una sociedad sin clases y sin guerras, a una sociedad de hermanos, lanzar un grito de esperanza en un mundo nuevo, cuyas bases deberíamos ir preparando desde ahora. Y para ello, nos negamos a participar en el servicio militar, preparación para la guerra, empezando por nosotros mismos el desarme universal»

Por ello, una motivación claramente antimilitarista, negarse a preparar la guerra y construir desde esa estrategia caminos de verdadera paz y justicia.

Su estrategia estaba claramente diseñada desde la práctica noviolenta de la desobediencia civil:

  • Por una parte, desafiaban de forma pública y notoria al servicio militar negándose a acatar el mandato de incorporación al ejército, a pesar de saber que podían ser encarcelados por ese desafío.
  • Por otra parte, para anunciar en una sociedad donde la objeción era algo desconocido la naturaleza de la apuesta que realizaban, organizando un servicio de trabajo voluntario a favor de las necesidades sociales de un barrio empobrecido, retando al Estado a que fuera allí a detenerlos.

Tenemos que recordar que la evolución de que posteriormente tuvo la objeción de conciencia y la estrategia de los antimilitaristas españoles hacia el servicio militar y por la desmilitarización, varió sensiblemente respecto a la reivindicación de un servicio voluntario en favor del desarrollo. Lo hizo sobre todo a partir del momento en que la ley consagró una prestación «sustitutoria» del servicio militar que servía principalmente para penalizar la apuesta pacifista (su duración, su penalidad, etc.) y para reforzar el propio servicio militar. Dado que esa prestación, por bienintencionada que fuere, no permitía aspirar a la abolición del servicio militar ni llevar más allá la crítica antimilitarista, la propia radicalidad de la apuesta originaria (luchar contra el militarismo y contra la preparación de la guerra) llevó a los objetores a profundizar en la estrategia desobediente y a renunciar al camino del voluntariado como apuesta del mundo alternativo que se quería defender.

No era ese un debate en el momento en que los compañeros de Can Serra desafiaron al servicio militar y no lo será hasta mucho después, como podremos documentar en otro momento.

El acuse de recibo del Marqués de Mondéjar.

Junto con otras muchas autoridades del franquismo, a quienes los objetores remitieron su manifiesto de desafío, la Casa Real también fue destinataria de la carta de los desobedientes de Can Serra.

El objetivo era claro: desafiar. Conseguir una reacción, ya sea favorable, con lo que se abría la práctica desobediente para obtener conquistas sociales, o represiva, con lo que se acentuaba la perversidad del régimen, se deslegitimaba su respuesta y se justificaba más aún la actitud de los desobedientes.

En este caso, el marqués de Mondéjar, como otras instancias, se vió sin capacidad y, ante el desafío, se limitó sencillamente a acusar recibo del envío del manifiesto.

Una pequeña semilla en el largo camino por la desmilitarización.

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