Se multiplica por 18’77 el gasto en material antidisturbios: ¿quién es el enemigo?

Fuente:  Público.

En muchas ocasiones argumentamos que esta crisis económica y política que sufrimos nos está llevando, cada vez más, a preguntarnos quién es el enemigo.

La profunda crisis económica y social en la que vive España, ha provocado la multiplicación demanifestaciones y protestas de buena parte de la sociedad civil, que demanda un modo diferente de hacer política. El aumento de la conciencia crítica ciudadana no ha servido, por el momento, para que el Gobierno del Partido Popular varíe sus políticas, pero si para responder a este malestar con medidas que se traducen, por ejemplo, en el destino que el Ministerio del Interior dará a su presupuesto en los próximos años.

Así, se pasó de los 173.670 euros de 2012, a 3,26 millones de euros en 2013 en la partida destinada a la compra de «Material Antidisturbios y Equipamientos Específicos de Protección y Defensa». 

Parece claro que el Gobierno no se alinea en el mismo frente que las personas en España.  Parece obvio que se alinea enfrente y con una actitud violenta y de enemigo declarado.  El aumento de 18’77 veces en material antidisturbio así lo manifiesta.

Una cantidad que servirá para reponer y modernizar el material que utilizan las unidades antidisturbios. Un material que incluye chalecos antibalas, gases lacrimógenos, porras, escudos, y pelotas de goma.  A su vez, la Generalitat de Catalunya anunció el pasado 12 de junio que los Mossos d’Esquadra dispondrían, ya para el mes de julio, de un camión policial equipado con varios cañones de agua y con un alcance de hasta 60 metros de distancia para dispersar a los manifestantes. Una imagen que, hasta ahora, en las calles españolas sólo era un recuerdo ligado a la Dictadura franquista y difuminado desde la Transición.

La Generalitat recuperará ahora los cañones de agua como un recurso aceptable ante la opinión pública, por mucho, que los medios de comunicación muestren cada día escenas de enfrentamientos entre policía y manifestantes, como se han dado en las últimas semanas en Brasil, Turquía o Egipto. Protestas dispersadas con el uso masivo de botes de humo, gases irritantes y lacrimógenos, y agua proyectada desde los cañones, a los que en ocasiones, se les añade colorante, que tiñe la ropa, o líquidos oleosos, que funcionan como auténticas bombas fétidas, y que sirven para marcar a los manifestantes.

Estos gastos los hacen con nuestros impuestos y contra los intereses y necesidades generales.  Sólo les interesa defender a las élites y a sus privilegios.  Si la política habitual no sirve para defender los derechos humanos, políticos y sociales;  si además los políticos habituales ya se encargan de cercenar las propuestas de cambios que pide la población y sólo las asumen cuando no les queda más remedio;  sólo nos queda la calle.

La calle está siendo usada de dos maneras:

  • –  para protestas.  Continuas, masivas, minoritarias, generales, específicas, de ida y vuelta como las mareas, …  En la mayor parte de los casos son pacíficas y llevan aparejadas actuaciones de propuestas en positivo, todas desoídas por los poderes.
  • –  para hacer política al estilo 15 M.  Miles de personas, todas las semanas, se unen en las calles, las plazas, los parques, …, para informarse, debatir, decidir y actuar.

Entre tanto, los políticos multiplican por 18’77 el gasto en material antidisturbios.  Parece que lo que queremos decir y lo que queremos proponer, al no encontrar hueco en los cauces habituales de la democracia y tomar la vía callejera, les molesta y les asusta.  Y se defienden.  Se defienden contra sus compatriotas, conciudadanos, votantes, vecinos, etc.

Les asusta la participación ciudadana, las ideas alternativas, las propuestas solidarias.

¡Qué pena de política al uso!

Los cuerpos de seguridad pretenden:

 «disolver a las multitudes con eficacia pero sin provocar grandes escándalos políticos deben poder disponer de un amplio abanico de medios que les permita una respuesta represiva gradual y flexible». Es en esta respuesta donde se encuentra la generalización en el uso de las catalogadas como armas «no letales». Una disuasión eficaz, sin un excesivo coste político y con unos materiales que empiezan a desarrollarse en los años 1960. De la mano de las fuerzas armadas de las grandes potencias, tienen como campo de pruebas países del Tercer Mundo. O, como es el caso de Palestina, se han convertido de forma directa en «un campo de experimentación para las empresas de seguridad y defensa israelíes», donde se han probado, y utilizan, entre otro tipo de armas, la mayoría de ellas letales, balas y bombas fétidas. Un proyecto, el de las llamadas «bombas mofeta», que comenzó a ser desarrollado en el año 2004 y que, como su nombre indica, reproduce de forma sintética el desagradable olor que segrega este animal. Una tecnología adoptada por la policía británica el pasado año y anunciada por Scotland Yard como un método eficaz para combatir los disturbios callejeros en las Islas.

Pero no sólo se encuentran dentro de esta categoría de armas las ya conocidas pelotas de goma, las pistolas y porras eléctricas o los cañones de agua, sino que se incorpora armamento desarrollado por programas militares para su uso directo en conflictos bélicos y en los que se han experimentado con armas diseñadas para incapacitar o repeler con una baja probabilidad de causar la muerte o daños permanentes a los oponentes. Entre este armamento destacan los fusiles láser y otras armas ópticas, capaces de provocar ceguera transitoria y/o definitiva, cañones de sonido, que aturden con la emisión de altas frecuencias al generar vértigo, espasmos, confusión mental y náuseas, o cañones de microondas que provocan quemaduras y dolor. A estos materiales, algunos de ellos, como los cañones de sonido, probados ya en protestas en Estados Unidos, se les unen otros, que parecen salidos directamente de la ciencia-ficción y no de laboratorios de los contratistas de defensa, como fusiles electromagnéticos -provocan ataques similares a los epilépticos-, pistolas de energía termal, que elevan la temperatura corporal, lanzadores de espuma, que inmovilizan a las personas pegándolas al suelo, o armas psicotrónicas, que pueden provocar trastornos mentales transitorios.

Estas armas, usadas en conflictos «de baja intensidad», sirven también para disolver manifestaciones o reducir a detenidos por la policía, lo que deja entrever, como señala el Centre d’Estudis per la Pau, «la militarización de la policía» en cuanto a sus procedimientos de actuación y al tipo de materiales usados. Algunas de estas armas, las más pequeñas y manejables, como las pistolas Taser o las porras eléctricas, pueden ser incluso adquiridas fácilmente a través del comercio online, aunque en España esté prohibido su uso a particulares. A esta carrera por conseguir las armas «no letales» más novedosas y menos «dañinas», se incorporan incluso los ayuntamientos que, como en el caso de algunos consistorios catalanes, se han interesado por adquirir camiones dotados con cañones de sonido.

Sean o no letales (lo cual es muy relativo) pueden producir  y producen graves daños en muchas ocasiones y no dejan de ser armas.  Cuando la clase política se defiende con armas, letales o no, de los ciudadanos a los que representan, o deberían representar, algo va muy mal en la política y quizá nos indica quién es el enemigo.

Y una última pregunta:  ¿puede este gasto ser considerado como una parte más del gasto militar?

Share

One comment

  1. […] como por ejemplo en 2012, cuando aumentaron el gasto en material antidisturbios en un 1.780%. o en agosto de 2013, que lo elevaron en otro […]

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto:
Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookCheck Our Feed