El rearme latinoamericano

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Fuente: ElPAis.com.uy

Según un informe de la consultoría de defensa IHS Jane’s, las importaciones de armas han aumentado en América Latina entre 2008 a 2012 en más de un 16%.

Esto supone una clara manifestación del rearme regional y explica el gran posicionamiento que las industrias militares de los principales exportadores de armas están realizando en la región.

Por orden de importancia, los principales exportadores de armas a Latinoamérica durante 2012 son los siguientes:

  1. Estados Unidos, con 758,5 millones de dólares.
  2. Rusia, con 730,8 millones de dólares.
  3. Francia, con 636,2 millones de dólares
  4. China, con 594,4 millones de dólares
  5. España, con 505,4 millones de dólares.

Podemos, con toda legitimidad, considerar a estos cinco grandes vendedores de armas los países canallas que asolan América Latina, consideración que se reforzará aún más si vemos cómo es el resto de su intervención en la región latinoamericana.

Llama la atención el enorme gasto militar que entre estos cinco «magníficos» provocan en la región del planeta más desigual según todos los analistas, al arrastrarla a un gasto insolidario de más de más de 3.225,3 millones de dólares de los 3.960 millones gastados en total en armas por todo el continente (el 81,4% del total de importaciones de armas) que, al ser gastados en armas, no pueden ser gastados en necesidades sociales evidentes.

El principal comprador de armas durante 2012 ha sido Venezuela, con más de 1.200 millones de dólares en importaciones de armas, seguido de Brasil, con 931 millones y ya muy por detrás los demás países de la región.

Llama la atención el ranquing de principales presupuestos militares latinoamericanos en 2012, por cuanto que nos señalan probablemente dónde se encuentran los principales riesgos militares, es decir, los previsibles focos de guerras en el futuro.

La gran superpotencia de defensa es Brasil, con más de 30.620 millones de dólares de gasto militar reconocido, seguida de Colombia, con cerca de 13.000 millones de dólares de gasto militar, México, con 5.791 y Venezuela, con 5.457 millones.

El gasto militar latinoamericano, por otra parte, refuerza el nefasto papel jugado por los ejércitos latinoamericanos a lo largo de la historia al menos en cuatro aspectos muy significativos:

  • Uno, la enorme militarización del continente, donde los militares son, sin ninguna duda, una casta dominante que impone sus criterios políticos al resto de la sociedad y que no ha sufrido la renovación desde su pasado golpista y reaccionario.
  • Dos, la enorme militarización social y cultural del continente y de la mentalidad de las gentes de éste, con la preponderancia de valores como el machismo, el autoritarismo, el caudillismo, la obediencia y la servidumbre, la violencia, la jerarquía, el clasismo, el nacionalismo, etc.
  • Tres, el creciente recurso al uso de la fuerza y la represión hacia las débiles democracias americanas y el preponderante uso autoritario de las fuerzas militares y de seguridad para la solución de todo tipo de conflictos: mapuches en Chile, movimientos campesinos y luchas contra las agresiones medioambientales en el mundo andino, redes sociales y de defensa de derechos humanos en Paraguay, luchas sociales en Brasil y Argentina, militarización social en Venezuela y Cuba, represión cívica en Méjico, golpes de estado en Honduras y Paraguay, impunidad militar en Centroamérica…
  • Y cuatro, la existencia de conflictos interestatales que amenazan con confrontaciones armadas.

Ante este referente de priorizar el gasto militar sobre el gasto social, resulta en realidad muy explicable que la ciudadanía comience a indignarse y a exigir que se invierta en gasto social y no en fastos basura y en militarismo, como está ocurriendo en Brasil o en el pujante movimiento antimilitarista de Colombia.

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