Los desmanes del Militarismo (IV)

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Gas mostaza para el Rif

 Fuente: Publicado en el periódico semanal Es Hora.

Si los desmanes de nuestros ejércitos produjeron en Cuba una represión brutal hacia los patriotas cubanos, más unos cien mil muertos por hambre y enfermedades en los “desplazamientos forzosos” ordenados por el mando militar; si la incompetencia militar provocó miles de represaliados y torturados en Filipinas, sin contar con las bajas propias en los pobres soldados españoles mal alimentados y peor atendidos en medio de la corrupción generalizada de sus mandos, no le va a la zaga la deshonrosa actuación militar en el Norte de África.

 Entre las prácticas habituales de nuestros guerreros se encontraba la tortura, la detención indiscriminada, los juicios sumarísimos, los fusilamientos y la decapitación de los rebeldes para infundir el terror al enemigo. La decapitación, parece, fue práctica habitual de los ejércitos de áfrica a partir de la derrota de Melilla en 1909, considerada por nuestros militares como una derrota humillante. Especialmente cruel en el uso de este ensañamiento parece que fue el General Franco, que hizo su carrera de barbaridad en barbaridad, siempre superándose a sí mismo.

 Desde el desastre del Monte Arruit, los regulares y la nefasta legión (fundada por Millán Astray, quien por ciento aún cuelga su nombre en varias calles de pueblos y ciudades) aplicaron a la guerra una nueva dimensión: guerra sin cuartel. Tierra quemada. Enemigo, todo el mundo. El abuso es entonces generalizado, brutal y despiadado. Todo un pueblo, invadido previamente, como enemigo.

 Pero, entre las muchísimas salvajadas de este ejército africanista (por cierto, en el que militaban la mayoría de los generales que con el paso del tiempo protagonizaron el golpe de estado del 36 y la consolidación de una de las dictaduras militares más cruentas y largas que ha tenido Europa en el Siglo XX) destaca sin parangón el lanzamiento de agentes químicos sobre la población del Rif y sobre los ríos y zocos.

 Llama la atención que el ejército actual, que se considera al menos en esto heredero del anterior, haya celebrado en 2012 con boato y mucho orgullo militar la “heroicidad” de los últimos de Annual (un episodio militar que costó la vida a más de 13000 soldados españoles mal defendidos por sus mandos militares y prácticamente abandonados a su mala suerte). Y llama la atención porque este desastre está íntimamente asociado, es el desencadenante, de la vergonzosa actuación de los aviones españoles lanzando bombas de agentes químicos sobre los rifeños, tanto civiles como militares, y sobre sus campos, sus pueblos, sus ríos…

 Nos explica Hernández Holgado en su libro “Miseria del militarismo” (publicado en 2003 en la editorial Virus y, como todo lo que critica las atrocidades militares, arrinconado a un inmerecido silencio), que la actuación española

consistía en lanzar las bombas de gas en las áreas más pobladas y a las horas en las que más víctimas podían producir, de modo que el bombardeo de los zocos de las aldeas se convirtió en una rutina.

Sí, amigos. Entre 1921 y 1927 el ejército español lanzó a la población civil del Rif fosgeno, difosgeno, cloropicrina e iperita (el conocido gas mostaza). Algo a lo que hoy denominaríamos armas químicas.

 Un telegrama del Alto comisionado de Marruecos al ministro de la guerra (que entonces a las cosas las llamaban por su nombre y no con eufemismos) decía

Siempre fui refractario al empleo de gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruición

De estas deshonrosas actuaciones, negadas siempre por las autoridades españolas, se avergüenza el General de Aviación Hidalgo de Cisneros, el primero que lanzó bombas químicas a los rifeños, en su libro “cambio de rumbo” publicado en 1961, en el que dice

En aquellos días me tocó realizar una faena verdaderamente canallesca, que me otorgó el vergonzoso y triste privilegio de ser el primer aviador que tiró iperita desde un avión”.

Al menos éste se arrepintió de su brutalidad y dejó constancia de ella.

 Más de 1.600 kg. de bombas al día, lanzadas desde los 127 bombarderos que entraron en acción, durante al menos 5 años, como motivo exclusivamente de venganza por las muertes de Annual, todo un ejemplo del desmán y la irracionalidad que es en sí el militarismo.

 Pero, lo que es peor, esta “gesta” militar aún hoy tiene consecuencias en la región. Por ejemplo, en la alta tasa de cáncer de la zona, que concentra más del 50% del cáncer detectado en Marruecos, o tasas de malformación igualmente elevadas.

 ¿Querían esto los españoles de aquel entonces? ¿Lo merecían los rifeños?¿Lo podemos aceptar ahora? ¿No haría falta, al menos en esto, reconocer los desmanes y reparar las consecuencias, en la medida en que esto sea posible, y precisamente para no ser cómplices de algo horrendo, hecho al parecer en nuestro nombre?

 Y otra pregunta más. ¿De dónde salieron estas armas químicas?

 Pues muy sencillo, de la Fábrica Nacional de Productos Químicos de “La Marañosa”, cerca de Getafe. Un lugar que se creó en tiempos de la dictadura de otro militar, Primo de Rivera, padre del líder espiritual del fascismo español. La fábrica hoy sigue en pié, reconvertida a “Instituto Tecnológico” adscrito al Ministerio de Defensa. Por otra parte, el Complejo de la Marañosa cuenta actualmente con acuerdos de colaboración con la OTAN y la UEO, lo que nos hace sospechar muy gravemente del uso de esta “investigación” que se realiza en dicho centro.

 Como en otros centros militares, el hermetismo sobre “La Marañosa” es exagerado. Ni hay información, ni transparencia, a pesar de las preguntas parlamentarias que en varios períodos de sesiones han formulado algunos parlamentarios. Existe una Plataforma ciudadana contra el Complejo Químico-Militar de La Marañosa que denuncia este complejo y pide su desaparición por dedicarse a una investigación nefasta para la humanidad.

 Qué curioso: una fábrica de armamento químico entonces que ahora, como “instituto tecnológico” se encarga de la investigación (no fabricación según la propaganda del centro) en armas químicas, biológicas y nucleares y colabora con la OTAN.

 Vayan atando cabos.

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