Pere Ortega, José Luis Gordillo y el manifiesto pacifista «Cataluña por la seguridad humana»

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Fuente: Centre d’Estudis per a la pau JM-Delas/Justicia i Pau

Recientemente nos felicitábamos por la aparición del Manifiesto pacifista «Cataluña por la Seguridad humana», firmado por intelectuales calalanes, y que abogaba por una defensa noviolenta y por el cambio del paradigma de seguridad militar por el de seguridad humana.

Ahora hemos conocido una explicación, ofrecida por Pere Ortega y por José Luis Gordillo, refutando en parte aquel manifiesto y señalando las razones de su no adhesión al mismo. Si no fuera porque Justicia i Pau es un importante referente en un sector pacifista por su compromiso histórico en favor de la objeción de conciencia, de la objeción fiscal al gasto militar y de otros compromisos por la paz y si no fuera por la relevancia de Ortega y Gordillo como «investigadores por la paz» del Centro JM Delás, tal vez su opinión no nos habría causado tanta curiosidad, pero dado lo uno y lo otro, lo cierto es que su posición merece un comentario adicional.

Hemos leído con detenimiento sus explicaciones y aún suscribiendo una parte de sus razones y matizaciones, nos preguntamos si, en definitiva, la refutación es al meollo de la cuestión (abogar por la defensa de la seguridad humana y la desaparición de los ejércitos como metodología para resolver los conflictos y construir la seguridad) o a otros asuntos ajenos. ¿Abogan Gordillo y Ortega por la abolición de los ejércitos? Sinceramente, nos quedamos sin saberlo. Y sería bueno aclararlo porque el referente decisivo de empezar a desmilitarizar la defensa y la seguridad es importante de cara a la construcción de una agenda política de la noviolencia, y no una mera reflexión ética o de principios vaporosos, ya sea en Cataluña, en Madrid o en cualquier otro lugar

Comienzan, como no puede ser menos en un contexto tan efervescente como el catalán del momento por reconocer y apoyar el derecho del pueblo a escoger su futuro y por afirmar su apoyo a la celebración de un referéndum o consulta sobre la creación de un estado catalán propio y apoyan toda la reflexión sobre la necesidad de que el proceso de autodeterminación, de llevarse adelante, sea pacífico.

A partir de ahí aparecen las cuatro objeciones de los autores que, básicamente son:

  • No comparten la afirmación de que el camino del diálogo que enfrenta al catalanismo con las fuerzas políticas españolas esté agotado. «si todas las posibilidades de diálogo con España están agotadas, queda entonces solamente el camino de la imposición violenta de la voluntad de los unos o de los otros…Sería negar nuestra condición de pacifistas afirmar que el diálogo entre Cataluña y España está acabado».
  • No suscriben las referencias a la construcción de un «nuevo estado independiente» porque «ello prefigura que los firmantes están a favor de la creación de un Estado separado de España«, con los que, afirman, les unen tantos vínculos. Es más, señalan, el argumento del expolio fiscal de Cataluña por España» es groso modo falso.
  • Nada dice el manifiesto sobre el encaje del nuevo Estado en Europa y sobre los mecanismos neoliberales que la configuran (OTAN y UE) y dado que al parecer los principales partidos soberanistas apuestan por la permanencia en éstas estructuras, debería haber una posición explícita de rechazo a éstas.
  • Los estados son la máxima expresión de la violencia institucionalizada y los garantes últimos de la reproducción histórica de la violencia estructural, la cual en estos momentos está determinando el aumento de las desigualdades entre ricos y pobres y entre ciudadanos autóctonos e inmigrantes, lo que, si entendemos bien el argumento, significa el recelo a que una estructura estatal, dentro del encaje del orden internacional vigente, sirva para otra defensa y pueda ser el instrumento para construir la resolución pacífica de los conflictos.

Obviando el debate explícito sobre el nacionalista,que al parecer es en torno al que se articula la crítica de Ortega y Gordillo al manifiesto pacifista, y aún confesando nuestra gran desconfianza hacia el discurso nacionalista, sea de la nación que sea, y la facilidad para servir de excusa al enfoque militarista y a su abordaje violento de los conflictos en provecho de las élites de uno u otro sitio, nos parece meritorio que los pacifistas catalanes,  o los de Madrid, reflexionen acerca de la introducción en la agenda de su práctica y  de sus campañas de la supresión del ejército y de la sustitución del enfoque de seguridad estatal y militar por el de la seguridad humana.

Por eso, sin entrar a terciar en si las vías de diálogo entre el catalanismo y el nacionalismo español están rotas o no y otros argumentos de índole similar, vemos sustancial que se diga alto y claro si  se aspira a una defensa alternativa, a la supresión de los ejércitos y de las estructuras de poder y militares que existen y los refuerzan, a iniciar un proceso de transarme (no de desarme) hacia una defensa alternativa. Vemos de un enorme valor para la educación de nuestra sociedad que se diga que el paradigma que se persigue es el de cooperación-noviolencia que tiene su expresión en el mundo de la defensa en la idea de seguridad humana y que en torno a estas ideas se articule nuestra disidencia (luchas abiertamente antimilitaristas para quitar poder a lo militar, como las de supresión del gasto militar, las de objeción fiscal y laboral, las que apuestan por la supresión de la investigación militar y la fabricación y venta de armas, las que procuran reducir las estructuras militares y policiales, las que van contra el abordaje militar y las operaciones «de paz» en los conflictos internacionales, etc.), nuestra creatividad (mediante el trabajo y la lucha social en movimientos de carácter transformador, por la solidaridad internacional, por la democracia real, en la resolución alternativa de los conflictos, en el empoderamiento social, etc) y nuestra propuesta de defensa alternativa (generando educación para la paz, cultura de paz, metodologías de cooperación-noviolencia, etc).

En definitiva, como dice Galeano en uno de sus textos, parece que la discrepancia de Gordillo y de Ortega al manifiesto pacifista «rasca, y rasca mucho, y rasca bien, pero rasca donde no pica».

Nos queda el matiz de confiar que estas ideas son compartidas por igual por los firmantes del manifiesto pacifista catalán y por los investigadores por la paz discrepantes del mismo. Pero haría falta explicitarlo para mejor aclaración de todos nosotros.

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3 comments

  1. Pere Ortega+ dice:

    Estimados amigos, a estas alturas de nuestra larga militancia pacifista, por el desarme y el antimilitarismo pedirnos explicaciones sobre si estamos a favor o no de la desaparición de los ejércitos me parece sorprendente. En nuestra larga producción encontrareis sobradas referencias antimilaristas y en favor de la noviolencia. Cierto que en nuestro artículo no decimos nada sobre lo del ejercito catalán, porque en eso estamos de acuerdo con los firmantes de ese manifiesto por un «estado independiente en paz y con seguridad humana» y eso estaba implicito en nuestra referencias a Gandhy y Luther King.
    Cordialmente
    Pere Ortega

  2. […] unos días publicábamos una entrada  en este blog comentando un posicionamiento público de dos destacados miembros del Centro J.M. […]

  3. […] el manifiesto “Cataluña por la seguridad humana y la paz” del que ya nos hicimos eco (y también aquí) y que impulsa el debate sobre los ejércitos. […]

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