Renovables y educación contra la industria militar

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Fuente: Publicado por Utopía Contagiosa en el periódico semanal Es Hora

Los responsables políticos de la defensa nacional y los propios militares se pasan el día haciendo dos cosas:

  • metiéndonos miedo porque sin ellos todo se iría a pique: nos invadirían países enemigos que reconocen, en un grado máximo de cinismo que no existen; porque sin ellos perderíamos presencia internacional y no estaríamos en ningún foro donde se toman las decisiones importantes, sin darse cuenta de que en esos foros sólo somos comparsas y en las misiones internacionales no pintamos nada, salvo ser carne de cañón.
  • llorando porque, incomprensiblemente para ellos la sociedad española no apoya lo suficiente darles mucho más dinero para invertir en armas, sin tener en cuenta que nos han generado una burbuja armamentística con una deuda de 32.000 millones que cuando nos estalle será otro obstáculo más para que salgamos de la crisis.

Ya tenenos una aproximación «oficial» de la aportación del sector de la Defensa a la economía española. Lo ha ofrecido el Director General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa. Veamos las cifras:

  • Más de 500 empresas,
  • un volumen de negocio superior a los 6.000 millones de euros anuales, el 67 % destinado a la exportación,
  • cerca de 20.000 empleos directos y 50.000 indirectos, aproximadamente.

Nos dice además el DGAM que la industria militar, que cuenta con un amplio apoyo estatal, está entre las cinco primeras de Europa y entre las diez primeras a nivel mundial en la industria de la muerte, y que la principal estrategia de futuro es volcarse a la exportación de armas.

En un primer análisis nos dicen que el sector de la defensa es tremendamente lucrativo. No parece que la crisis haga mella en el mismo y, a juzgar por el estímulo que al mismo le da el saberse avalado por el Ministerio de Defensa y el compromiso de PSOE y PP en mimar este sector, no tienen miedo de que vayan a empeorar sus resultados.

Ahora bien, dado que los dos grandes argumentos con los que la élite política muestra sus preferencias por la industria sobre cualquier otra son por una parte su contribución al PIB y por otra su contribución al empleo, queremos ofrecer algunas pistas de la mentira que se esconde en este argumento interesado:

Comparación renovables vs. Industria militar.

Por ejemplo, si comparamos la «contribución»  a la riqueza nacional del sector militar (por otra parte tremendamente destructivo y poco ético) con el sector de las energías renovables (que aparecería como tremendamente beneficioso y además bastante más ético), nos aparece, según el informe «Estudio de impacto macroeconómico de las energías renovables en España 2011″ (y ojo, que tal vez no sea todo lo ecológico que se precisa, pues es de la Asociación de Empresas de Energías Renovables, donde hay algunas empresas poco verdes) que el sector, en su conjunto, contribuyó a la riqueza nacional con un valor superior a los 10.244 millones de euros (más de 4.244 millones de euros que la industria militar). Si a ello sumáramos el beneficio social que provocó, al perjudicar mucho menos el medio ambiente, la comparación de la industria militar con esta industria renovable no resiste el comentario.

Si comparamos también la contribución al empleo del sector militar (20.000 empleos directos y 50.000 indirectos según Defensa), con el mismo sector renovable, (54.193 empleos directos y 64.464 indirectos) la comparación tampoco resiste el comentario. La industria militar no genera más empleo, sino un bajo empleo que, por sus características, es además altamente peligroso:

  1. Porque es empleo internacionalizado y sofisticado (técnicos) que pueden irse a otra industria militar de otro lugar sin dejar sostenibilidad, y muy voluble, mientras que la mano de obra menos cualificada es sobre todo intensiva y de difícil recolocación.
  2. Porque donde se promueve un sector industrial militar tiende a producirse una especie de «monocultivo» que genera una dependencia de la región o zona de estas industrias, impidiendo un desarrollo de rostro humano y diversificado.
  3. Porque la producción de armas destinadas (el 67%) a la exportación es generadora de conflictos en otros escenarios y nos convierte en impulsores de conflictos y, a  ojos de otros pueblos, en causantes de sus males.
  4. Porque, además, el mito del empleo se desmiente al comprobar que el sector militar, con sus 500 empresas, produce mucho menos empleo que otros sectores socialmente más útiles.

Comparación educación vs. industria militar

La misma comparación podría estudiarse en otros sectores socialmente útiles, como son el de la educación pública, el de la sanidad pública, etc., donde tanto por la calidad ética del trabajo, como por el grado de contribución a largo y corto plazo a la riqueza nacional, como por el número de empleos que produce, no se resiste la comparación.

Si nos fijamos, por ejemplo, en la educación, y siguiendo un informe de la OCDE para 2012 relativo a España, la inversión en educación produce retornos espectaculares a la economía de cualquier país y «En términos medios, en 17 países con al menos cinco observaciones disponibles, más de la mitad del crecimiento del PIB está relacionado con el crecimiento de las rentas del trabajo de los titulados en Educación Terciaria» y «la educación genera riqueza a nivel micro y macroeconómico del país, es el motor de su desarrollo y evolución, además contribuye enormemente a la estabilidad y el bienestar social», para concluir que, en orden a la rentabilidad del sector para el desarrollo de cualquier país «las inversiones públicas y privadas en educación son altamente rentables. Además, a medida que se incrementa el nivel educativo, mayores son los beneficios absolutos que genera la inversión en educación.»

«En España, el valor absoluto de beneficios públicos generados por un hombre con segunda etapa de Educación Secundaria o postsecundaria no Terciaria supera los 12.500 $. A su vez, un titulado en Educación Terciaria duplica su contribución a la sociedad, generando beneficios públicos superiores a 25.500 $. Las ganancias privadas de un hombre con estudios superiores alcanzan 103.000 $, 26.000 $ más que si hubiera completado la segunda etapa de Educación Secundaria o postsecundaria no Terciaria»

La industria militar, eso sí, ofrece pingües beneficios a unos pocos y grandes perjuicios a la mayoría. Por ello sus más entusiastas defensores se encuentran entre nuestras apolilladas elites económicas, políticas e intelectuales y sus detractores entre la gente que ve, día a día, pisoteados sus derechos y desatendidos sus intereses y necesidades

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