¿Cuáles son los riesgos de la sociedad?

Red+Flag

Editado en el periódico Es Hora el 2 de febrero de 2012.

Fuente: Público

Ha afirmado el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Fernando García Sánchez,  según leemos en Público, que «estamos en el mundo más peligroso que hemos conocido hasta ahora» y que los riesgos que amenazan a la sociedad son «los fundamentalismos, los independentismos y el terrorismo derivado de ellos«.

Parece que no se refiere a los fundamentalismos, independentismos y terrorismo (de estado y de los otros) financiados y potenciados por los militares.

La retahíla de mensajes apocalípticos lanzada desde los medios militaristas, incluidos los responsables de los ejércitos, resulta cuando menos curiosa y digna de un estudio más reposado.

¿De qué análisis de la sociedad se puede partir para considerar que los principales riesgos de la sociedad son éstos y no otros? Únicamente caben dos claves, a nuestro juicio, para entender este pensamiento tan catastrofista: una, la lógica amigo/enemigo y la apuesta por una comprensión del mundo en términos de guerra permanente donde sólo cabe aplastar para que no te aplasten. Dos, la apuesta vital por mantener el status quo a toda costa, considerando que éste es el mejor de los escenarios posibles, a pesar de (o sin llegar a comprender) sus muy lastimosos y conocidos efectos perversos sobre los que no tienen el privilegio de estar a este lado de la balanza.

Pero que el mundo sea eso, un inalterable estado de cosas de guerra permanente, donde ganadores y perdedores son el núcleo de la explicación, y la violencia para estar en el sitio deseado el instrumento para conseguirlo; que esa apuesta por el status quo no deba cuestionarse, y que se tenga que aceptar como mal menor el tremendo sacrificio de aplastar cualquier riesgo de cambio de papeles, es algo que no puede mantenerse desde el rigor y la objetividad. Apostar por esa idea del mundo, de los conflictos, del futuro del planeta es una  mera ideología basada en creencias pesimistas y poco contrastables, a pesar de ser una ideología muy compartida por siglos de construcción cultural de la violencia y la dominación y de ejercicio de la guerra y el cinismo como instrumentos de la política.

Es lógico pues que, para quienes ostentan el poder militar y para las élites que disfrutan de los beneficios del poder social y político, y desde una apuesta ideológica militarista, los principales riesgos sean, precisamente, los riesgos a sus intereses, como también es lógico que tiendan a minimizar o eludir los graves problemas éticos de su comportamiento o los datos de la realidad que abundan en la idea de que vamos por mal camino.

Si contemplamos los problemas del planeta en otra escala distinta, lo que en otros artículos hemos denominado Seguridad Humana, los que aparecen como principales problemas son otros y, en la inmensa mayoría de los casos, ni tienen que ver con las apuestas militaristas, ni tienen ningún tipo de solución en ellas, antes bien, lo militar no hace sino complicar más las cosas.

Y ello porque si hay algunos problemas verdaderamente nucleares al planeta y a cada pequeña sociedad, éstos tienen que ver con:

  • lo medioambiental, y más en concreto con el insostenible abuso ejercido por la codicia humana sobre el medio ambiente, abuso que está al borde de poner en peligro la subsistencia misma en el planeta.
  • Los grandes efectos de la desigualdad a escala planetaria, que han puesto en grave amenaza la vida de millones de seres humanos por falta de unos recursos mínimos para vivir dignamente, y en aspectos como el hambre, la salud, la educación, las posibilidades de un techo digno, de un mínimo vital de subsistencia, de libertad, de capacidad de reivindicar sus aspiraciones o de ejercer derechos, etc. Una mirada a diversos instrumentos internacionales, como la carta de los Objetivos del Milenio nos dan una explicación muy elocuente de lo peligroso de la situación.
  • La gran desigualdad humana, el deterioro medioambiental y la mayoría de los conflictos en el mundo, están potenciados por la injusticia estructural que ha generado el actual modelo económico y el orden internacional que preside las relaciones entre los pueblos, así como la lógica de dominación y violencia que preside éstas y la organización de esta lógica  en ejércitos y guerras para asegurarla.
  • El gran argumento de la violencia y la dominación, que constituyen una especie de paradigma de relaciones a escala planetaria y micro en cada sociedad, y que ejerce el papel de marcar tanto los objetivos como las metodologías de la práctica social, pervirtiendo la convivencia y poniendo en riesgo la vida de las personas y del propio planeta.

Gran parte de los fundamentalismos, que el JEMAD vive con tanta alarma, no tienen como principal rostro la figura estereotipada de los fundamentalismos de los otros, sino que engloban el fundamentalismo de otros y el propio, basados en la idea de la superioridad y de la legitimidad de tratar al otro como inferior y someterlo.

El enfoque del JEMAD: existe un fundamentalismo de los otros que conlleva peligro para nuestra seguridad porque deriva en violencia terrorista, contrasta con la realidad de que para muchos pueblos quienes aparecen como fundamentalistas que quieren imponer sus ideas y ponen en peligro, un peligro presente e ilegítimo, sus vidas, somos nosotros, son nuestras prácticas de vender armas a sus élites sin importarnos que las usen contra ellos, de expoliar sus recursos, de aupar a sus dictadores y élites, de promover o consentir la corrupción en sus países, de sostener negocios y estructuras que perjudican los intereses de la gente de allí, de imponerles ideales egoístas, individualistas o creencias que alteran las suyas y no precisamente para ensalzar la dignidad humana.

Pero más sorprendente es que este militar diga que el independentismo es, igualmente, el problema y que su peligro es que deriva en terrorismo. Lo es porque no tiene en cuenta los derechos de los pueblos a decidir autónomamente su futuro. Pero lo es, sobre todo, porque huele a rancio debido a que en España se está abriendo el debate sobre la independencia o no de los pueblos que integran el estado y no parece que la opinión de uno de los máximos representantes del ejército y del poder militar en España al respecto augure nada bueno.

Nuestro ejército sigue mostrando tics que dicen bien poco tanto de lo enterados que están de lo que pasa en el mundo, como de sus referentes ideológicos y del papel que pretenden jugar en el propio debate social en España.

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One comment

  1. Rodrigo Aguilar Zambrano dice:

    El militarismo global, dirigido por EEUU, continúa con la tesis añeja de la lucha contra el terrorismo, como una estrategia de dominación mundial y de posesión de los recursos naturales de los pueblos del tercer mundo, cuando conocemos que otros son los problemas de la humanidad, entre ellos la ampliación de fronteras para el comercio de estupefacientes en todo el planeta, traficados por mafias de origen capitalista, especialmente relacionados con el capital financiero. En el mundo actual intervienen estas mafias en las fronteras entre los paises, aupadas por el imperio global que busca controlar a su población joven y a la población de los paises emergentes. El mejor ejemplo lo tenemos en la frontera entre EEUU y México, donde el comercio de estupefacientes como la cocaina, opio, marihuana, se distribuyen para norteamérica y europa. Esa franja de frontera es territorio libre para las mafias con el consentimiento del gobierno de México. Otro problema actual es la venta de armas (weapons)por el imperio global, para lo cual están provocando conflictos armados en todo el planeta, con el pretexto de que algún país no obedece a los valores capitalistas occidentales, sólo en los últimos años podemos mencionar Irak, Afganistán, Libia, Siria, Mali. La estrategia es invadir con mercenarios los paises, apoderarse de los recursos naturales, asesinar a miles de miles de población inocente. Luego la pobreza imperante es motivo para agredir a los paises, anular su soberanía, apoderarse de los recursos naturales, dividir los territorios en zonas, ocupadas por mafias y mantener la guerra como fuente de consumo para la venta de armas.

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